SIN PALABRAS. Dicen que el tigre nunca se vuelve vegetariano y, tal vez esa sea la razón por la cual José Raúl Mulino evita ir a los debates y dar entrevistas sobre temas de su pasado. Para muestra un botón: este medio le envió un cuestionario sobre su participación en los incidentes de Bocas del Toro a raíz de la conocida Ley Chorizo, su rol en la contratación de Finmeccanica, su renuncia irrevocable al gobierno de la locura, y sobre los allegados a su campaña. ¿No que el que no la debe no la teme?
‘MUCH HOT’. Ya Alma Cortés lo ha dicho: los diputados no se venden... se alquilan. Esto ya lo debería saber su líder, quien desde el autoexilio se ha dedicado a presionar a la hijastra de Almita para que se baje de la carrera presidencial y apoye al ungido, pero esta está terca y dice que no way. Por lo visto en esta contienda nada está seguro todavía, y ellos lo saben.
¿QUIÉN? Y hablando de campañas, durante el sorteo de posiciones para el tercer debate presidencial, organizado por la Cámara de Comercio -en el que participaron los jefes de las campañas- se apareció por breves minutos uno de los esbirros del otrora periodista y supuesto encargado de la campaña de RM, Santiago Fascetto. Ya vamos entendiendo el mensaje de Jimmy en el que dice que “Tampoco es bueno no ir a los debates porque eso también debilita nuestra democracia”. Lo dicho: muchas manos en un solo plato...
CUENTERO. Fitch Ratings otorgó a Panamá grado de inversión en mayo de 2010, cuando la locura no había ni calentado motores. Según su ahora candidato presidencial fueron ellos los que lograron el grado de inversión por primera vez en Panamá. Qué tupé el de esta gente que no ha llegado a Las Garzas y ya está echando cuento.
BULLYING. Hablando de locos, por ahí apareció Ricardo Martinelli insistiendo en que Manuel Mata Avendaño, el juez que ratificó la condena en primera instancia por el caso New Business, le pague $20 millones. Y si no le resulta lo del exilio, ¿Quién será el próximo demandado? ¿La embajadora de Nicaragua?
