FUMANDO PIPA. Por lo visto, atrás quedó la rofeadera entre Popi Varela y Ricardo Martinelli. El primero decidió apoyar a la candidata de RM para presidir la Asamblea. Según dijo, votó por ella porque ya tenía los votos. Cuando Varela admitió que no había logrado consenso entre todos los diputados de su partido para elegir a la próxima presidenta del legislativo, es evidente de qué lado estaba él. Huele a más división en el Panameñista.
PASTO. Dice Camacho que la única reforma que le interesaría del reglamento interno de la Asamblea Nacional sería una para extender el tiempo de participación de cada diputado. Eso es echarle abono a la misma hierba.
CONVENIENCIA. Mientras algunos diputados del PRD demostraron entender su realidad para este quinquenio, Benicio Robinson actuó igual de arrogante que en el periodo pasado. “Aquí no hay diputados de primera ni de segunda clase”, dijo. Habrá que retrocederle el casete al diputado.
LAMBONERÍA. De bien mandado, el Contralor Gerardo Solís fue a besar la mano de su nueva patrona, perdón, nueva presidenta de la Asamblea. Y es que Solís cada día se parece más a Camacho... el amigo fiel, aunque en su caso es el cómplice fiel. ¿Cuál será el subtexto de semejante despliegue? “¿Pondré a su servicio la tapadera de la Contraloría?” Como dijo Mulino en su discurso: “hasta para bailar tango se necesitan dos”.
ASESOR. El que no se fugó de la toma de posesión de Mulino fue el lobista Damián Merlo, acompañado de su pareja, que está nombrada en el Ministerio Público. ¿Quién lo invitó: el elegido o el refugiado? Semejante cercanía no es en vano, la pregunta es, ¿quién pagará su cuenta? Porque habrá sido invitado, pero esto no será gratis.
CANA AL AIRE. Por los lados del Casco Antiguo se vio al presidente de Colombia, Gustavo Petro, de la mano de una joven mujer de nombre Marta. Según dicen, sus encuentros son recurrentes y ya no tan clandestinos, porque muchos saben de ellos. ¿Qué tal?
