¡SALUD! El presidente y sus ministros celebraron ayer la Navidad en un hotel. José Raúl Mulino aseguró que el brindis no fue costeado con fondos públicos, ya que fue “pagado por nosotros mismos”. Queda la duda de si él asumió toda la cuenta o si en el Gabinete acordaron una cuota y organizaron su propio “yappyton”.
FIESTAS Como si el absurdo con Etesa no pudiera ser mayor, Mulino remarcó que no pudo impedir la parranda navideña, porque era parte de los “beneficios” consignados en la convención colectiva pactada con el sindicato. Lo bueno es que empieza a verse una luz al final del túnel, porque ya toca renegociar esa convención. Para este proceso, Etesa ha contratado, por $32,000, a la firma especializada en derecho laboral Mendoza, Arias y Valle. Con todo lo que ha pasado este año, lo más edificante sería que esa renegociación fuera transmitida en directo por un canal de YouTube.
PASME. El Ejecutivo finalmente se resignó: ya sabe que su propuesta de reformas a la CSS no será aprobada en las sesiones extraordinarias, aunque Mulino espera que, por lo menos, quede lista para el segundo debate. Sin embargo, en la comisión legislativa de Salud, Trabajo y Desarrollo Social no parecen tener prisa, ya que han decidido enviar el proyecto 163 a una “mesa tripartita”. Esto equivale a sumergir la propuesta en el hoyo negro de una subcomisión. Malo, muy malo.
CELEBRACIÓN. Otra que celebró, pero su cumpleaños y no la Navidad, fue la magistrada presidenta María Eugenia López Arias. Todo el pleno acudió al festejo, excepto Cedalise. No se sabe si se abstuvo porque tenía algo mejor que hacer o si acaso ya anticipaba que la cumpleañera había logrado mantener la ponencia, para desdicha del prófugo.
AUTOBOMBO. Parece que el doble discurso vacío y falaz acompañará a Gerardo Solís hasta su último día como contralor. Ayer celebró un acto protocolar para agasajar a los 16 “directores” que le acompañaron en su gestión y que, según él, continuarán en la Contraloría cuando Anel Flores (que también estaba en el homenaje) asuma las riendas. En ese acto, Solís también develó su propio retrato en óleo, “como reconocimiento a su gestión y liderazgo al frente de la máxima entidad fiscalizadora del Estado durante su periodo 2020-2024″, según un comunicado de la entidad. Eso es como acudir a una Olimpiada con una medalla escondida en el bolsillo, para sacarla en el momento en que hay que subir al podio, aprovechando un descuido de los demás.
