DESVERGÜENZA. En la Unachi se ríen con ese aire sarcástico que da la certeza de la impunidad. La propia rectora Etelvina de Bonagas ha reconocido que hay una veintena de parejas emplanilladas, algunas con hijos también cobrando en la universidad. La exdirectora de Recursos Humanos de la institución dijo una vez que, si fuera por nepotismo, “habría que botar a toda la Unachi, desde el vicerrector académico hacia abajo”. ¿Cuándo se acabará la fiesta de esta gentuza?
DE BAJA. Ayer le correspondía a la Unachi sustentar su presupuesto para el año 2026, pero la rectora no se presentó. En su lugar, envió un certificado de incapacidad a la Comisión de Presupuesto. Desde hace tiempo, el país sospecha que no está incapacitada para ese cargo. Ella, su corte y un par de diputados del PRD y de RM son los únicos que aún no se han enterado.
CARADURA. Ayer, el decano de la Facultad de Comunicación Social, Rodrigo Serrano, reconoció abiertamente que su hija está en la planilla de la Unachi, pero que a nadie le importa. “Quizá Dios me ha ayudado”, dijo. ¿Qué están esperando las autoridades para actuar? ¿Que él vaya voluntariamente a la Antai o a la Contraloría a dar explicaciones?
VORACIDAD. La Unachi es la única universidad del Estado que no ha sido víctima del recorte presupuestario, pero sus autoridades alegan que los fondos asignados por el MEF son insuficientes y que actualmente opera con “déficits”. No obstante, su planilla incluye a 219 personas que reciben $7,000 o más al mes (lo mismo o más de lo que ganan el presidente de la República y sus ministros). El salario de la rectora es de casi $14,500, incluyendo su sueldo base, los gastos de representación y el cheque que le corresponde como profesora. Ella alega que tiene derecho a todo eso porque está contemplado en la ley. Solo un cardumen de pirañas hambrientas podría hacerlo mejor.
NET. A la Asamblea ha llegado una iniciativa ciudadana para establecer una “edad mínima de acceso” a redes sociales y plataformas digitales. La idea es restringir el acceso a contenido “inapropiado”. ¿Cómo van a verificar el estricto cumplimiento de eso? Si las autoridades no han podido controlar el consumo de licor ni la comercialización de tabaco entre menores de edad (ambas actividades presenciales), imaginen cómo van a vigilar conductas que se desarrollan en el universo virtual.
