IMAGEN. Odebrecht emprendió una campaña de relaciones públicas para controlar el daño autoinfligido por pagar coimas. Si sus voceros fueran sinceros, quizás uno podría creerles, pero sin arrepentimiento no hay chance. Para empezar, Odebrecht no pagó $59 millones en coimas en Panamá, probablemente pagó más del doble. Segundo, decir que ganó limpiamente algunas licitaciones está difícil de creer cuando los pliegos de condiciones eran a su medida. Necesitarán más que su maltrecha palabra para creerles.
EL ADEPTO. Justo cuando uno cree haber visto y oído todo acerca de Ricardo Martinelli, él es capaz de superarse -o rebajarse- aún más. Ahora se saca del camastro en el que duerme en prisión la factura en la que le cobra todos los favores que le hizo a la CIA siendo presidente. Seguía sus instrucciones, reconoce cándidamente, sin ser de sus agentes pagados. Al menos, Noriega cobró por ello, pero este lo hizo de gratis, orgulloso de ser un fiel secuaz. Suerte tuvo Pedro Miguel González de que Estados Unidos no le pidió a Martinelli que se lo entregara, porque allá estarían los dos.
COMPETENCIA. Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre. Pero esa afirmación obviamente depende del hombre al que se refieren, porque si se trata de Martinelli, no hay can que compita con posibilidades en la pugna de baja intensidad que por ese puesto parecen sostener Sidney Sittón y Luis Eduardo Camacho. Esto se ha hecho más notorio con la divulgación de la nota manuscrita en la que Martinelli anuncia que se acoge a las disposiciones del tratado de extradición. ¿Por qué se pelean tanto? ¿Será que ese hueso aún les parece jugoso?
VÍCTIMAS. Más de Martinelli. Según Balbina Herrera, un grupo de espiados por el Consejo de Seguridad estuvo dispuesto a ir a Miami para reunirse con él en prisión. Hasta enviaron una carta a Estados Unidos para formalizar sus intenciones. Aunque la idea fue del expresidente, no supieron más del asunto. Otra promesa incumplida.
SIN ‘CASH’. Los diputados se han reunido, al menos dos veces esta semana, para evaluar la situación que vive este órgano del Estado por culpa de su pelea con el Ejecutivo. Según dicen, hubo de todo, hasta “lágrimas”. Lo que ha quedado claro es cómo se cuecen las habas en la Asamblea. Pero eso de legislar para el país, de eso nada. ¡Qué desfachatez!