TAL CUAL

DRAGONES. El pasado lunes en la noche, mientras los noticieros transmitían la captura de Ricardo Martinelli, en el corregimiento de Betania se escucharon fuegos artificiales. En realidad fueron los miembros de la comunidad china, que en Panamá mayoritariamente provienen de la República Popular China, que celebraban la nueva alianza diplomática con Panamá.

TRASTORNO I. El 28 de enero de 2015, día en que la Corte Suprema de Justicia decidía si admitía o no la primera denuncia por corrupción en su contra, Ricardo Martinelli tomó su avión y se fue a Guatemala, a la sede del Parlamento Centroamericano, a preguntar si le servía la inmunidad que le otorga el organismo a los diputados regionales. Luego se fue a Miami, Estados Unidos, en lo que sus voceros denominaron una “gira internacional”. Allá ha repetido una y otra vez que Juan Carlos Varela lo quiere acabar. Pero eso más bien se llama huir, desaparecer, escapar, abandonar, escabullirse, fugarse, evaporarse... Pero nunca lo que dicen sus abogados, que ahora echan mano de sus achaques, de sus 65 años y demás, como si a los gringos les importara tal cosa. ¿Qué sigue ahora?

TRASTORNO II. Los voceros políticos de Martinelli aquí anuncian que harán marchas y protestas alegando supuesta persecución política por decisiones que ha tomado una Corte, cuyos miembros casi todos los puso él en el cargo. También deberían ir a la Embajada de Estados Unidos en Panamá y quejarse, ya que fue un juez el que ayer decidió dejarlo en la cárcel, como a un mortal cualquiera.

‘ADVOCATUS’. Ahora que los letrados están de moda, vale la pena leer el Código de Ética y Responsabilidad Profesional del Abogado (publicado en la página web del Colegio Nacional de Abogados) y compararlo con la realidad. El artículo 37, por ejemplo, empieza así: “Incurre en falta a la ética el abogado que: 1) Estorbe la buena y expedita administración de justicia, aconseje la comisión de actos fraudulentos”. Y así, se enumeran 32 faltas, que van desde dar falsas esperanzas al cliente hasta atribuirse títulos académicos que no poseen. Es un ejercicio para desternillarse de risa.


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