APARECIDO. Después de mucho tiempo, ayer volvimos a ver el rostro de Jimmy Papadimitriu. Flanqueado por sus abogados dijo, una y otra vez, que iba de forma voluntaria a saber los motivos por los cuales una fiscalía indaga a su madre. Se trata nada más y nada menos que del caso Odebrecht.
BALDOR. Alguien no sabe contar en el Tribunal Electoral. ¿Será que algunos reclaman jubilación urgente? Con razón Jaime Ford decía, muy ufano, que se despojaba de su fuero desde ayer. Ahora solo falta que lo que se consiguió en el allanamiento de su casa no pueda usarse como prueba.
VIAJERO. Mientras tanto, en el Salón de la Justicia... corrijo, en la Corte Suprema, José Ayú Prado sigue volando por el mundo.
DISYUNTIVA I. Hace 40 años teníamos dos realidades insoslayables: la oportunidad histórica de garantizar la soberanía como Estado a través de los tratados Torrijos-Carter y la incertidumbre de un gobierno militar que negociaba dicho acuerdo que socavaba las bases de la República. La historia demostró que esos tratados sirvieron de arma de doble filo en la conquista de los dos objetivos.
DISYUNTIVA II. Al reflexionar sobre los 40 años de los tratados, uno de los protagonistas, Jimmy Carter, puso en contexto la realidad que enfrentaban los estadounidenses en 1977: “Nuestra falta de acción en relación al tratado estaba ocasionando una brecha entre nosotros y algunos de nuestros mejores amigos y aliados entre las naciones americanas. Fueron forzados a tomar partido entre nosotros y Panamá, y no nos estaban apoyando”. Alguien en EU debería escucharlo.
DE FACTO. La Fundación Omar Torrijos entregará hoy la medalla Omar Torrijos a Ricardo De La Espriella, quien tras el “gargantazo” de Aristides Royo ejerció de “presidente de la República” del 31 de julio de 1982 al 13 de febrero de 1984, cuando los militares lo obligaron a renunciar en el natalicio de Torrijos (1929-1981). ¿Aprendieron los partidos políticos la lección sobre la importancia de la democracia?