¡QUÉ DECEPCIÓN! Tan ilusionados que estábamos con los jueves de ópera y cine, y viene Óscar Carrasquilla –con razón o sin ella- y nos corta la cinta en plena acción. Los cantantes del patio nos deben los pormenores de esta trama, cuyos hilos llegan a donde usted menos cree. Ahora solo unos pocos sabrán los siguientes capítulos. Contenemos el aliento y cruzamos los dedos para que los malos no se salgan con las suyas, otra vez.
PESQUISAS. Si Odebrecht dio el dinero de su oficina de coimas –mucho más de lo que han admitido- y los imputados dicen no haber recibido fondos –como Mimito Arias, quien jura que no tocó un centavo de los $10 millones que le habrían dado-, entonces, ¿dónde está la plata? No debe ser difícil para un juez saber quién dice la verdad, sobre todo si el fiscal ha seguido el rastro del dinero.
¿‘NOSSA COISA’? La posposición de la audiencia se debió, según el Órgano Judicial, a que el delator pidió que no mostraran su rostro porque había sido objeto de amenazas. Podría pensarse que en ese mundo los testaferros son harto conocidos por aquello de la complicidad, a menos que la estructura criminal fuese tan eficaz que una mano no sabía lo que hacía la otra. Si todo esto es cierto, los de la Cosa Nostra -o como se llame a las mafias en cualquier idioma- han dado indicios para abrir una investigación. Porque las denuncias de amenazas también provienen de fiscales y del propio André Rabello. Solo falta que amenacen al juez.
RECORDERIS. Mucha expectativa por las noticias que vengan hoy de Pekín y los posibles negocios. Pero no hay que olvidar un detalle: en China existe la pena de muerte, incluso para políticos que reciben sobornos.
REGAÑINA. Esto de los abucheos a los diputados ya es un deporte nacional. Ayer le tocó al panameñista-transportista de Veraguas, Carlos Santana, quien asistió a una reunión de moradores que exigían la construcción de la vía Atalaya-Ponuga-Mariato. Hasta el micrófono le quitaron. Por algo será.
LECCIÓN. Como está de moda aquello de las “donaciones” y otras formas no convencionales de ganar favores -o lavar imagen pública-, tomen nota de lo que hizo el papa Francisco cuando le dieron un Lamborghini Huracán: ordenó subastar la bestia de 610 caballos de fuerza, dinero que usará en proyectos sociales. Parece un buen consejo desde el Vaticano: ¡devuelvan la plata, por caridad cristiana!