QUERELLA. El expresidente Martinelli, con probados vínculos con medios de comunicación, ha repartido querellas como nadie a otros periódicos, comentaristas y periodistas, y ha prometido demandas a ciudadanos que se expresan en su contra en redes sociales. Ni una sola vez en los espacios de comunicación que controla se ha defendido a sus potenciales víctimas. Todo lo contrario. Pero desde aquí, solidaridad con la periodista Guadalupe Castillero, de Nex TV, objeto de una querella por parte del comisionado Javier Fanuco.
ABUSO. Por cierto que en un conversatorio, el titular de Ambiente, Emilio Sempris, estuvo increpando a un periodista de La Estrella. Este ministro parece ignorar que el reportero está en la obligación de preguntar sobre su gestión y que él tiene el deber de responder cada una de esas preguntas. Ese periodista –al igual que el resto de las personas que tributan- paga su salario y hasta el de su jefe, el presidente. Así que un poco de respeto. No por ser ministro es mejor que nadie.
SANCIÓN. Siguen los lamentos con esto de las boletas de tránsito. Hay conductores quejándose porque les aparecen multas aplicadas en zonas rurales o en lugares en los que nunca ha circulado. Nadie puede solucionar estas crecientes reclamaciones, pero, ¡ay de que no paguen! Solo en este país la ley ampara sanciones por hechos no cometidos.
FRIOLENTOS. El último en sumarse a la última estampida emprendida por figuras leales a Martinelli es el diputado suplente Diego Lombana. Como ya hicieron Alma Cortés y Mariela Jiménez, Lombana renunció a su precandidatura a diputado en las primarias de Cambio Democrático, porque va a inscribir una igualita en Alianza. Solo falta que su mentor Chello Gálvez se vaya con él. Alianza, más que un partido, parece un cuartel de invierno de CD.
CONDUCTA. El presidente Varela -como seguramente lo hace cualquier padre de familia en época de vacaciones escolares- se fue de viaje a Estados Unidos con su esposa y su hijo pequeño. Pero según la Presidencia, hoy estará en el funeral del senador zoneíta John McCain en Washington. Se la pasa metido en misas, funerales, partidos de fútbol y otros asuntos donde no lo han llamado, en lugar de atender los problemas para los que sí fue electo.