Omar, como hombre fuerte de Panamá, es responsable del asesinato de Jesús Héctor Gallego Herrera. Nada hizo para impedir ese crimen institucional, era parte de la “república de los primos” y protege tanto a Álvaro Vernaza Herrera como a los terratenientes de la región.
Héctor llega a Santa Fe de Veraguas, una de las áreas históricas del latifundismo que caracterizó el coloniaje español. Veraguas es uno de los ejes del conservatismo, sede de una élite hermética de poderosos hacendados esclavistas que defienden una ideología quietista que lleva, dialécticamente, al levantamiento del cerro Tute en 1959 y la acción contestataria del sacerdote católico Héctor Gallego de 1967 a 1971, cuando lo matan.
Santa Fe es una región de extrema pobreza, de índices altísimos de analfabetismo y en donde la explotación feudal de los gamonales es la más cruel y despiadada.
Héctor, identificado con la teología de la liberación, organiza a los campesinos en cooperativas de servicios múltiples, sobre todo de producción y consumo. Monseñor Alejandro Vásquez Pinto ya daba pasos iniciales en ese aspecto, seguía los lineamientos del Plan Veraguas de monseñor Marcos Gregorio MacGrath y de Edwin Fábrega.
El Movimiento Popular Cristiano, impulsado por Gallego, provoca la animosidad del caciquismo rural respaldado por la dictadura militar. Héctor es acusado de comunista y terrorista. Se inicia su vía crucis.
Héctor en 1969 recibe una paliza de advertencia. Vernaza intenta atropellarlo en 1970. Se da un diálogo con Omar a solicitud de monseñor MacGrath. Todo es inútil, en mayo de 1971 incendian el rancho de Héctor y el 9 de junio se lo llevan Eugenio Magallón y Melbourne Walker, testaferros del G 2 de Noriega.
A los 33 años como Cristo, el joven colombiano que llegó a Panamá lleno de ideales de redención social y que predica con la ilusión de un apostolado, la liberación económica de los avasallados campesinos, es asesinado por la Guardia Nacional. Los siervos de la gleba de Veraguas quedan en la indefensión. “La esperanza de los campesinos” espera por su mesías.
Monseñor Martín Legarra excomulga a los autores intelectuales y sicarios que liquidan a Héctor Gallego. Se da un proceso judicial amañado por el régimen militar.
Héctor Gallego tuvo el coraje para luchar por el derecho al futuro de los campesinos, en tanto los comunistas panameños fracasan en los asentamientos campesinos de Omar Torrijos. La falta de organización y administración, más la corrupción en el manejo de los millones que les otorgó Torrijos son el mayor fraude social de Omar.
Héctor Gallego es sin duda el talón de Aquiles de Omar Torrijos, el silencio cómplice de sus subordinados es el baldón que ensombrece su liderazgo.
Omar muere y Héctor Gallego vive en el corazón de los panameños, al igual que Victoriano Lorenzo.
La historia es dialéctica y nadie escapa de sus designios. Héctor Gallego martirizado es inolvidable como Cristo, Gandhi, Martin Luther King y Mandela. ¿Se atreverá Francisco a beatificarlo?
Recomiendo dos novelas que confrontan la explotación campesina: ¿Quién vive detrás de la montaña? de Luis Fernando Pitty Ceballos y Soñar con la ciudad de Ramón Fonseca. De Changmarín, Faragual y otros cuentos.
El autor es escritor