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Tan lejos y tan cerca: lo que explota en Medio Oriente llega a su bolsillo

Tan lejos y tan cerca: lo que explota en Medio Oriente llega a su bolsillo
Medio Oriente Tomado de internet

Son las ocho de la mañana en Abu Dhabi. Ya estamos por encima de los 40 grados. Reunido con mi equipo, revisamos los planes de contingencia de nuestras operaciones en los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Qatar y Omán mientras recibimos el reporte de nuestra agencia de seguridad y riesgos: alta probabilidad de ataque a Arabia Saudita en las próximas 72 horas.

Sin embargo, en cada momento de tranquilidad, pienso en Panamá, no por nostalgia, sino porque lo que está pasando aquí le llega a usted, aunque usted esté en Chitré, Volcán o Cambutal.

El Estrecho de Ormuz es el equivalente marítimo de nuestro Canal de Panamá, pero para el petróleo y el gas. Por él transita el 20% del crudo mundial y el 30% del gas natural licuado (LNG) global. Cuando se cierra, se activa una cadena que no respeta fronteras.

Lo más obvio es la gasolina. Pero hay más, y es lo que menos se cuenta. El Golfo produce el 23% de los fertilizantes nitrogenados del mundo, el costo de sembrar sube, y con él, el precio del arroz, del maíz, del tomate en el mercadito de su barrio.

El Golfo exporta más del 40% del polietileno y polipropileno mundial, los plásticos de cualquier empaque, en la jeringa con que vacunaron a su hijo, en las piezas del carro que maneja. Barclays identificó 30 productos críticos para los que esta región aporta más del 10% del comercio mundial, desde el azufre para las baterías hasta el helio para los semiconductores.

Este conflicto es una montaña rusa tridimensional que cambia de rumbo cada minuto, un monstruo que cada vez que despierta hace que todo vuelva a cero. Y sin embargo, la respuesta de esta región es asombrosa: casi 3,000 artefactos interceptados (misiles y drones), tiendas abiertas, proyectos avanzando. Aquí no se espera a que el conflicto termine. Se construye y se reinventa mientras ocurre, proyectos acelerados, corredores logísticos terrestres que no existían, habilitados a velocidad de emergencia. Y se está expandiendo: los houthis de Yemen reanudaron ataques en el Mar Rojo en julio, amenazando el Bab-Al Mandab que es la entrada del Canal de Suez, por donde pasa el 12% del comercio marítimo mundial.

Todo esto está redibujando el mapa energético y logístico mundial. Proyectos como Mozambique LNG, Vaca Muerta en Argentina (gas), producción de petroleo en Suriname o Guyana se aceleran. Se habla hasta de un nuevo orden energético, y en él, los flujos de gas y petróleo necesitan cruzar océanos. Muchos pasan o pasarán por el Canal de Panamá.

Con Hormuz restringido y el Bab-Al Mandab amenazado, el tráfico busca alternativas.

Los buques gaseros operan bajo una presión única, su carga literalmente se evapora mientras navegan. Hasta el 0.05% por día. Cada hora en el mar es dinero que desaparece. Por eso un operador llegó a pagar cuatro millones de dólares por un solo tránsito en las esclusas neopanamax. Cifra récord. Cuando me enteré de ese dato, lo primero que sentí fue orgullo nacional.

Los datos lo confirman: mientras los Emiratos Árabes Unidos han visto caer drásticamente su conectividad marítima, Panamá ha subido posiciones en el índice de conectividad global. Así de rápido y así de claro. La geopolítica de otros se convierte en oportunidad para quien está preparado.

¿Está Panamá lista para ese momento, invirtiendo en resiliencia logística con la urgencia necesaria? Un Niño fuerte anunciado amenaza con nuevas restricciones de calado precisamente cuando más tráfico hay por capturar. En el Canal ya lo saben, trabajan para cuidar cada gota de agua. Pero la resiliencia no se construye solo en la crisis. Se planea y construye antes de que llegue.

Panamá tiene los ingredientes necesarios. El Embalse de Río Indio para garantizar el agua de millones de panameños. El gasoducto interoceánico para entrar en el mercado energético global. Las nuevas terminales portuarias y el corredor logístico para convertir al Canal en hub de valor agregado. Respuestas contundentes a un mundo cada vez más volátil.

Panamá no es solo un corredor. Panamá puede ser el hub más estable y resiliente del hemisferio. El mundo que estamos viviendo no es el problema, es una gran oportunidad. Solo tenemos que creérnoslo como panameños y estar listos cuando llegue el momento.

El autor es ingeniero civil y Managing Director para el Medio Oriente de Roll Group.


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