El suicidio es un grave problema de salud pública rodeado de estigmas, mitos y tabúes. Cada muerte por suicidio debe ser vista como una tragedia que afecta tanto a la persona como a las familias y comunidades.
Según la OPS/OMS (2023), cada año más de 703 mil personas mueren por suicidio (una cada 40 segundos). Por ello, es fundamental dirigir la atención hacia aquellos factores protectores y concienciar sobre la importancia del autocuidado y la educación comunitaria.
Cambiar la narrativa en torno a la salud mental hacia un enfoque positivo y de bienestar, puede motivar a las personas a ser proactivas y a adoptar medidas de autocuidado. Estas incluyen, por ejemplo, realizar actividad física, procurar una alimentación saludable, priorizar y mantener una rutina regular de sueño, gestionar el uso de pantallas y aprender técnicas de afrontamiento y manejo del estrés.
La concienciación y la educación desempeñan un importante papel para fomentar el desarrollo de una sociedad más solidaria. A medida que aumenta la comprensión de los desafíos a los que se enfrentan las personas con problemas de salud mental, nos encaminamos hacia una sociedad libre de estigmas y con un mayor sentido de comunidad y capacidad de apoyo. Esto genera entornos seguros en los que las personas estén cómodas compartiendo lo que sienten y piensan y finalmente decidan buscar ayuda.
Las iniciativas locales que involucran a líderes y otros miembros de la comunidad, así como los grupos de apoyo y el desarrollo de actividades sociales para concienciar y promover el conocimiento (conferencias, talleres, campañas en redes sociales, en escuelas y universidades; la organización de ferias de salud mental, etc.), afianzan el vínculo entre un grupo de personas y favorecen la creación de redes sólidas, seguras y perdurables en el tiempo.
Por último, más allá de las iniciativas provenientes de la sociedad civil, la inversión en servicios de salud mental por parte del Estado es esencial para garantizar que las personas tengan el apoyo necesario y el acceso a la atención. Esto contribuye a crear una sociedad más productiva y saludable en general, al reducir la carga económica y social usualmente asociada con los trastornos mentales no tratados y el riesgo suicida.
La autora es médica psiquiatra e integrante de Ciencia en Panamá.
