“Que no vengan con esa idiotez de que los trapos sucios se lavan en casa, porque al aspirar a cargos públicos la sociedad reclama el perfil positivo y negativo de los postulantes, y ese es el precio que deben enfrentar, o de lo contrario, que se queden en casa disfrutando del ambiente familiar sin temor al basurero que se lanzan los políticos cuando la consigna es reducir a la mínima expresión a los oponentes”. Así se expresó el doctor Carlos Arana analizando lo que está por venir en las campañas políticas del próximo año
En nuestro Panamá todavía se respeta el derecho a criticar y ser criticado. Decía Thomas Jefferson, patriota norteamericano: “al aceptarse un cargo público, de inmediato se pasa a ser un bien público”.
Esta sociedad reclama candidatos sin temor al temor. Que no estén envueltos en oscuras cartulinas escolares. Candidatos que sean transparentes y que no claudiquen al menor pretexto. ¿Encontraremos esa clase de candidatos?
Es de obligante atención de los votantes analizar detalladamente el perfil, el desarrollo personal y profesional de cada postulado. No podemos volver a equivocarnos.
Ahora bien. Las campañas negativas resaltan los errores y defectos de los adversarios políticos. Estas campañas buscan con afán que los electores adviertan el grave error que significaría dar el voto a candidatos que no han sido transparentes en su vida familiar y pública.
Es bueno conocer que las campañas negativas funcionando como maquinaria destructiva, tienen como firme propósito causar en los oponentes desgastes, agotando recursos y tiempo en defenderse de acusaciones.
En varias ocasiones se han realizado estudios sobre los efectos nocivos de plantar propagandas en eventos electorales. Estas actitudes obligan a la clase política a estar con la navaja en la mano y pregonar “de lo que traes vas a llevar”.
La denominada campaña sucia es diferente a la campaña negativa, y la razón es que distorsiona la realidad, inventa y la hace a sabiendas de que hace tremendo daño a los oponentes, pero no importa qué medios utilizan, y eso de pacto ético electoral es solo un grito agonizante en el desierto.
La información negativa es valorada con mayor fuerza porque nuestros cerebros procesan elementos positivos y negativos, y eso nos mantiene en alerta y analizando cómo debemos etiquetar a cada candidato político.
Aterrizando. Las campañas negativas y sucias afectan y tienen una secuela más allá de los candidatos. Me refiero a las familias que verán la tranquilidad de sus hogares sacudida por corrientes oscuras. ¿Vale la pena ofrecer esos sacrificios solo por una cuota de un pasajero poder?
El autor es periodista
