María es una joven de 22 años, que en los últimos 4 años ha estado sufriendo de una forma de artritis muy agresiva. Sus médicos han tratado todo tipo de medicamentos para combatir la inflamación de sus articulaciones, pero la enfermedad ha seguido su curso. Finalmente, un especialista le recomendó una terapia relativamente nueva, que consiste en administrarle lo que se conoce como anticuerpos monoclonales y, en pocas semanas, María empezó a mejorar y su enfermedad entró en remisión completa.
Juan, por su parte, es un hombre de 42 años, recientemente diagnosticado con melanoma maligno, un tipo de cáncer sumamente agresivo. Sus oncólogos deciden tratarlo también con anticuerpos monoclonales, que hacen que las células de su sistema inmune ataquen el tumor más efectivamente. Unos meses después, Juan manifestó una respuesta muy favorable a su tratamiento sin todos los efectos adversos de una quimioterapia convencional.
¿Qué son realmente estos anticuerpos monoclonales? En nuestro organismo, los anticuerpos son proteínas producidas por células del sistema inmune llamadas linfocitos B y también por las células plasmáticas. Cada vez que entra a nuestro cuerpo un virus o una bacteria, por ejemplo, los linfocitos B producen estas proteínas como una de las estrategias para combatir la invasión.
Los anticuerpos monoclonales son similares a los que nuestro sistema inmune genera, pero son producidos en el laboratorio y utilizados como otros medicamentos con fines terapéuticos.
Una vez administrados se unen de manera muy selectiva y específica a sustancias en la superficie de las células y pueden en modificar su función o hasta destruirlas.
La forma en que los científicos se las ingeniaron para producir los anticuerpos monoclonales fue realmente extraordinaria. Primero, tomaron una población específica de estos linfocitos B, un solo clon de estas células, de ahí el nombre de monoclonales. Luego, en tubos de ensayo, fusionaron los linfocitos B con un tipo especial de células tumorales, creando una colonia de células híbridas, en parte linfocito en parte célula tumoral. Como el centauro de la mitología griega mitad hombre mitad caballo. Este hibridoma, como se le llama a esta colonia de células, combina la capacidad de producir anticuerpos muy específicos del clon linfocitos con la inmortalidad de las células malignas. De esta forma, se produce una gran cantidad de estas proteínas o anticuerpos que pueden utilizarse para tratar diversas enfermedades como infecciones, cáncer o la enfermedad autoinmune, como el caso de la artritis de María.
Los anticuerpos monoclonales pueden dirigirse contra los virus, como el SARSCoV2, o para inactivar toxinas bacterianas. Igualmente, los anticuerpos monoclonales pueden disminuir la actividad del sistema inmune, atacando células que causan inflamación o reacciones alérgicas.
Realmente estos anticuerpos terapéuticos han revolucionado el tratamiento de la artritis reumatoidea, el asma, la psoriasis, el lupus, la enfermedad inflamatoria intestinal y muchas otras.
Pero uno de los usos más esperanzadores de estas proteínas es en el tratamiento del cáncer. Algunos anticuerpos monoclonales marcan las células cancerosas para que las “vea” con más facilidad y las destruya el sistema inmune. De hecho, las células cancerosas tienen estrategias para esconderse del sistema inmune, pero usando los anticuerpos monoclonales, es posible estimularlo para que despierte y ataque a las células malignas. Otros anticuerpos atacan directamente el crecimiento de los tumores o hacen que se autodestruyan. Pero una de las estrategias más increíbles, es la capacidad de usar anticuerpos monoclonales para transportar sustancias o medicamentos que matan a las células malignas. Como los anticuerpos pueden unirse de forma específica a ciertas proteínas en la superficie de las células, pueden usarse como transportadores de quimioterapia, un tipo de entrega a domicilio para las células malignas, pero que en lugar de llevarles comida, les llevan la sustancia tóxica sólo a ellas, sin dañar a otras células del organismo. Lo único que hay que hacer es unir la sustancia o quimioterapia al anticuerpo y este va por todo el cuerpo buscando el tumor para entregarle el letal pedido.
Una forma fácil de identificar qué medicamentos son anticuerpos monoclonales, es mirando la terminación de su nombre genérico. Por lo general, los nombres de los anticuerpos monoclonales terminan con las letras “mab” como el rituximab o el infliximab. La terminación “mab” viene de la abreviatura de su nombre en inglés: monoclonal antibodies.
Una de las desventajas de los anticuerpos monoclonales es que requieren inyección intramuscular o intravenosa para su administración y, como son proteínas de muy compleja elaboración y manufactura, son extremadamente costosos. Igualmente, pueden tener efectos adversos serios, pues son moléculas poderosas. Por ejemplo, los anticuerpos que se usan para las enfermedades autoinmunes pueden bajar las defensas y asociarse a la adquisición o reactivación de infecciones potencialmente mortales. En casos raros, algunos pacientes desarrollan reacciones alérgicas a estos anticuerpos.
Pero sin duda, y a pesar de las desventajas señaladas, estas sustancias han cambiado el curso y pronóstico de muchas enfermedades difíciles de tratar y sin duda seguirán, por los años venideros, siendo una de las herramientas más extraordinarias y efectivas de la medicina moderna.
El autor es médico, especialista en enfermedades infecciosas
