La decisión de la alcaldía capitalina de licitar tres proyectos de recuperación de espacios públicos y revitalización vial —Plaza 5 de Mayo, la avenida 3 de Noviembre y la calle Estudiante— representa un punto de inflexión para la ciudad de Panamá. Estas intervenciones, si se diseñan con visión integral, pueden convertirse en catalizadores de cohesión social, movilidad sostenible y reactivación económica. Sin embargo, también conllevan riesgos si se ejecutan sin una lectura fina del territorio, sin gobernanza interinstitucional o sin mecanismos de sostenibilidad a largo plazo.
Plaza 5 de Mayo: nodo histórico y puerta de entrada al Casco Antiguo
La Plaza 5 de Mayo representa un espacio simbólico y estratégico. Su revitalización puede corregir décadas de fragmentación urbana generada por el tráfico vehicular, la falta de áreas peatonales y la degradación del espacio público. La experiencia de Medellín con el Paseo Bolívar o la recuperación del Centro Histórico de Quito demuestra que intervenir plazas centrales puede reactivar economías locales, atraer turismo y mejorar la percepción de seguridad.
Ventajas potenciales:
• Reintegración del espacio público con el Casco Antiguo y la Cinta Costera.
• Mejora de la movilidad peatonal y del transporte público.
• Potencial para activar comercio cultural y gastronómico.
Riesgos:
• Gentrificación del entorno si no se protege a residentes y comercios tradicionales.
• Intervenciones estéticas sin resolver problemas estructurales como informalidad o congestión.
Avenida 3 de Noviembre: un corredor cívico con vocación paisajística
La avenida 3 de Noviembre posee una localización privilegiada frente al mar y un valor histórico asociado a edificios institucionales. Su revitalización puede convertirla en un corredor cívico similar al Paseo de la Reforma en Ciudad de México o al Malecón 2000 en Guayaquil, donde la combinación de espacio público, arte urbano y movilidad no motorizada generó un nuevo atractivo urbano.
Ventajas potenciales:
• Creación de un eje verde que conecte áreas residenciales, institucionales y turísticas.
• Potencial para ciclovías, mobiliario urbano y espacios de permanencia.
• Revalorización del paisaje costero y del patrimonio arquitectónico.
Riesgos:• Falta de continuidad si no se articula con proyectos de movilidad metropolitana.• Posible desplazamiento de actividades informales sin alternativas claras.
Calle Estudiante: revitalización barrial y movilidad peatonal
La calle Estudiante, ubicada en un entorno educativo y cultural, tiene el potencial de convertirse en un laboratorio de urbanismo táctico y movilidad segura. Experiencias como la “Calle Compartida” de Buenos Aires o los “Corredores Escolares Seguros” de Bogotá muestran que intervenciones de pequeña escala pueden tener impactos significativos en seguridad vial, convivencia y apropiación comunitaria.
Ventajas potenciales:
• Reducción de conflictos entre peatones, transporte público y vehículos privados.
• Activación de comercio local y vida barrial.
• Espacios más seguros para estudiantes y residentes.
Riesgos:
• Falta de mantenimiento posterior a la obra.
• Intervenciones aisladas sin un plan de movilidad integral para el área.
Los casos exitosos en la región comparten tres elementos clave:
Gobernanza interinstitucional: Medellín, Curitiba y Santiago han demostrado que la coordinación entre municipio, transporte público y entidades de planificación es esencial para evitar duplicidades y garantizar continuidad.
Participación ciudadana vinculante: En Bogotá, los proyectos de revitalización del centro histórico incorporaron mesas de trabajo con comerciantes, residentes y transportistas, lo que redujo conflictos y aumentó la apropiación social.
Mantenimiento y sostenibilidad financiera: Guayaquil y Ciudad de México crearon modelos de gestión del espacio público que incluyen alianzas público-privadas, fondos de mantenimiento y programación cultural permanente.
Revitalizar para unir: lecciones latinoamericanas para los nuevos espacios públicos de Panamá
Los tres proyectos representan una oportunidad para que la ciudad de Panamá avance hacia un modelo urbano más equitativo, sostenible y humano. Sin embargo, su éxito dependerá de la capacidad institucional para integrar movilidad, patrimonio, comercio, seguridad y participación ciudadana en un solo marco estratégico.
Vamos por el camino correcto, pero es necesario replicar estas iniciativas en otros sitios con potencial urbano similar. La revitalización no debe ser solo una obra física, sino un proceso continuo de gestión urbana.
El autor es exministro de Vivienda.


