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Trump contra sus exabogados

Si eres una persona que encara un enjuiciamiento penal, tu defensa no va muy bien si tu abogado defensor se te voltea para ser testigo en tu contra. Si son cuatro los abogados defensores los que se te han volteado, tu defensa está hundiéndose. Y si lo que encaras no es un encausamiento penal sino cuatro, más un litigio civil que amenaza tu imagen pública y la supervivencia de tus empresas, que tus exabogados den testimonio en tu contra promete ser demoledor.

Esa es la situación del expresidente Donald Trump. Un hombre con sentimientos humanos normales quizá se hubiera sentido adolorido por estas traiciones, pero Trump prefiere comportarse con la elegancia de un toro permanentemente enloquecido. Ataca groseramente a los fiscales y a los jueces, mientras se pinta como víctima de una persecución política que solo ha fortalecido su candidatura presidencial para el 2024. Tristemente, es cierto que las últimas encuestas lo muestran estrechamente por encima de Joe Biden.

Regresando a los exabogados que darán testimonio contra Trump, el primer episodio de la serie se presentó el martes. Michael Cohen, el abogado neoyorquino que por años le resolvía toda clase de problemas a Trump, tomó el estrado de los testigos en el caso civil contra Trump por supuesto fraude financiero. Cohen describió cómo manipulaba el valor declarado de las propiedades de Trump para que sumaran una cifra “arbitraria” escogida por el jefe. Según se acusa, las evaluaciones estaban infladas para así lograr mejor trato por parte de los bancos. Las autoridades neoyorquinas acusan a Trump de fraude financiero por medio de esa práctica. [Al momento de escribir esta columna (el martes pasado), Cohen no ha completado su testimonio; anticipo que será devastador pero tendré que analizarlo en una entrega futura].

Mientras tanto, tres otros exabogados de Trump se han comprometido a declarar en su contra en el caso penal en Georgia, donde se acusa que 19 personas conspiraron para ejecutar un fraude electoral en 2020. Han hecho acuerdos de pena que los salva de la cárcel, pero que los obligan a declarar “verazmente” si los fiscales los llaman. Los tres son Sidney Powell, Kenneth Chesebro y Jenna Ellis.

Powell y Chesebro había solicitado un “juicio expedito” que debió haber comenzado el pasado lunes, pero a último momento prefirieron admitir culpabilidad de cargos muy reducidos por la fiscalía.

La primera en hacerlo fue Powell, acusada de haber interferido con las máquinas de votación en Georgia. Le rebajaron los cargos y se declaró culpable solo de haber conspirado con otros para interferir con los deberes del personal electoral de Georgia. Si la llaman a dar testimonio, ella podría describir lo transcurrido en una reunión en la Casa Blanca.

Paralelamente, en su afán por deshacer el resultado de la elección, Powell alegó que Dominion Voting Systems, el fabricante de las máquinas de votación, tenía vínculos con Hugo Chávez y que las máquinas cambiaban votos de Trump a Biden. Dominion le tiene puesto un caso de difamación por más de $1,000 millones. Dominion ya le ganó un caso de difamación a Fox News, por $787 millones.

Chesebro, por su lado, fue el autor del esquema de “electores fraudulentos” que pretendía tumbar el resultado de la elección en siete estados. Por el acuerdo de pena, Chesebro solo tuvo que declararse culpable de conspiración para falsificar un documento, así salvándose también de la cárcel. Pero presumo que Chesebro podrá contar mucho sobre la ejecución del plan de “electores fraudulentos” si lo llaman a declarar. Él es un abogado de cierta prominencia, graduado de Harvard; no está claro porqué terminó conspirando con payasos.

Por último, tenemos a la abogada Jenna Ellis, que también se declaró culpable de solo haber conspirado en la falsificación de documentos. Parece que ella estuvo trabajando estrechamente con Rudy Giuliani en el esfuerzo por interferir en la certificación de los resultados de la elección de 2020, por lo que luce claro que ella puede relatar algo de las interioridades del plan. El rol del propio Giuliani, que en sus mejores momentos fue gobernador de Nueva York, ha sido una payasada que sería meramente patética si no se tratara de algo tan grave.

Cierro con esto: una encuesta del New York Times, el año pasado, encontró que el 70% de los votantes estadounidenses percibe que su democracia está en peligro pero que solo un 7% considera que es el tema más importante ante el país. Como he dicho antes, es en las urnas que las democracias se reafirman o se autodestruyen.

La autora es abogada y periodista jubilada


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