Hace exactamente seis meses, la Federación de Rusia inició una guerra de agresión en contra de la integridad territorial y la independencia política del pueblo ucraniano. Dicha agresión, además de constituir una violación flagrante del derecho internacional relativo al uso de la fuerza, es una expresión más de ese revisionismo ruso del orden internacional basado en reglas. Seis meses después, el orden internacional sigue en pie, la comunidad internacional continúa cohesionada en su apoyo a Ucrania y en la condena irrestricta a la agresión rusa.
En el campo militar, pareciésemos estar ante un serio desgaste de Rusia, con la moral de sus tropas a la baja y con unas fallas logísticas y estratégicas importantes, todo ello a pesar de que ambos ejércitos comparten estrategias de desgaste (atrición) en el ejercicio de las hostilidades. En el ámbito de las sanciones, es preciso señalar que las mismas han cumplido y continuarán cumpliendo su propósito punitivo; el desafío será mantener la cohesión de los Estados, en particular los europeos, una vez se empiece a asomar el inverno. Sobre este último punto, hay señales de esperanza, Europa ha comprendido la vulnerabilidad estratégica que representa su dependencia energética de Rusia, reduciendo a la mitad (de 40% a 20%) su consumo total de gas natural proveniente de Rusia.
La imposibilidad de adoptar sanciones en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas debido al veto ruso no ha implicado la inoperatividad de la organización mundial en este conflicto armado internacional. El Consejo de Seguridad continúa siendo un foro relevante y mantiene abiertos los canales directos de comunicación, y el secretario general Guterres ha desplegado las herramientas de la diplomacia preventiva. Recientemente, la puesta en marcha de la iniciativa del Mar Negro para la Exportación del Grano, negociada con los auspicios del secretario general Guterres y del presidente de Turquía Erdogan (Estado garante del libre tránsito por los estrechos de Bósforo y Dardanelos, ver Convención de Montreux de 1936), y producto de un acuerdo entre Rusia y Ucrania, ha llevado a la estabilización de los mercados mundiales de alimentación. Igualmente, en el marco de las hostilidades existen indicios de que se han perpetrado múltiples atrocidades, documentándose posibles crímenes de guerra y de lesa humanidad. En ese sentido, el secretario general ha constituido una misión de esclarecimiento de los hechos en cuanto a las ejecuciones de prisioneros en la localidad de Olenivka controlado por fuerzas separatistas leales a Moscú.
En el litigio promovido por Ucrania en contra de Rusia ante la Corte Internacional de Justicia, se han sumado varios Estados, incluyendo Letonia, Lituania, Nueva Zelanda y el Reino Unido. En base a lo dispuesto en el artículo 62 del Estatuto de la Corte, estos Estados alegan que la interpretación extensiva de Rusia a la Convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio para justificar su acto de agresión constituye una afectación directa a sus intereses jurídicos. Estamos, entonces, ante una reafirmación más, por parte de estos Estados, del orden internacional basado en reglas y de la prohibición del uso de la fuerza. Esto, a su vez, debe contrastarse con la participación de China, Bielorrusia, Mongolia, India y otros Estados en los ejercicios militares Vostok 2022, auspiciados por el Estado agresor, Rusia.
Paradójicamente, el día de hoy también conmemoramos la independencia ucraniana. Seis meses después del inicio de esta cruenta e injusta guerra de agresión, el orden internacional basado en reglas y el pueblo ucraniano nos han demostrado su resiliencia y su capacidad de responder ante serias adversidades. No es la primera vez que el orden mundial basado en reglas y el multilateralismo, y sus valores como la democracia, los derechos humanos y la transparencia, son atacados, y tampoco será la última vez que prevalezcan.
El autor es abogado y profesor de derecho internacional
