Un corazón panameño sobre el hielo suizo

Un atleta suizo con raíces panameñas conquista el podio olímpico como empujador del trineo en bobsleigh a cuatro, llevando al hielo una historia de identidad y esfuerzo.

Un corazón panameño sobre el hielo suizo
El bobsleigh a cuatro (también llamado bobsled de cuatro) es un deporte de invierno donde un equipo de cuatro atletas baja a gran velocidad por una pista de hielo dentro de un trineo. Foto: Romi Schmid / SRF

I. El eco de la fanfarria en la Metzgplatz

Lenzburg, Suiza, marzo de 2026. El aire sigue impregnado del frío cortante del invierno, pero en la Metzgplatz el frío no es más que una nota al margen meteorológica.

Hay algo electrizante en el aire, una vibración que no encaja con esta época del año. La banda municipal rompe el silencio con los sonidos de la Jugendfest, la gran fiesta de la juventud, que normalmente solo resuena en verano. El alcalde, Andreas Schmid, sonríe desde el escenario y guiña un ojo a la multitud:

-“¡Gracias por traernos en pleno mes de marzo la fanfarria de julio!“.

Un corazón panameño sobre el hielo suizo
Junto a sus compañeros del equipo Vogt —Michael Vogt, Andreas Haas y Mario Aeberhard—, Amadou ha logrado traer de vuelta a Suiza una medalla olímpica en bobsleigh a cuatro. Foto: Romi Schmid / SRF

En el centro de todas las miradas, un joven de 24 años intenta asimilar el estruendo de su ciudad. Se llama Amadou Ndiaye Tribaldos. Lleva el uniforme de la selección suiza, pero en su mirada y en su apellido se esconde una historia que abarca tres continentes. El padre de Amadou es originario de Senegal, pero Amadou es también nieto de un panameño que echó raíces en este paisaje alpino. Hoy, con una medalla de bronce en el pecho, encarna una dualidad fascinante: la precisión suiza y el ímpetu de una herencia suizo-afro-panameña.

Para los habitantes de Lenzburg es «su» estrella. Para los panameños, que acaban de conocer su nombre, es la prueba de que el ADN del Istmo puede conquistar incluso los desiertos de hielo más inhóspitos. Junto con sus compañeros del equipo Vogt —Michael Vogt, Andreas Haas y Mario Aeberhard—, Amadou ha logrado traer de vuelta a Suiza una medalla olímpica en bobsleigh a cuatro, un hito que el país alpino ansiaba recuperar.

II. Del tartán al túnel de cristal

La historia de Amadou no comenzó en un trineo de acero a 150 kilómetros por hora, sino en los campos deportivos de Lenzburg. Ya a los 9 años, el pequeño Amadou quedó en primer lugar en el «El más rápido de Lenzburg», una carrera de 50 a 80 metros según la categoría de edad. El atletismo fue su primera escuela, el lugar donde aprendió que la fuerza de las piernas es el motor del éxito. Primero en el club de gimnasia TV Lenzburg y más tarde en el club ciudadano de gimnasia BTV de Aarau, se entrenó con la disciplina que solo exige el deporte de élite.

Un corazón panameño sobre el hielo suizo
Amadou Ndiaye Tribaldos. Foto: Romi Schmid / SRF

Pero el destino de Amadou dio un giro digno de una película en 2024. En aquel entonces decidió cambiar las zapatillas con clavos por botas con clavos para el hielo. El paso del atletismo al bobsleigh fue vertiginoso. A finales de ese mismo año ya empujaba el trineo de Nils Reich en la Copa de Europa. El 18 de enero de 2025 debutó en la Copa del Mundo en la legendaria pista de hielo de Igls.

III. El rugido de Milán-Cortina: Bronce histórico

Los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 en Milán y Cortina d’Ampezzo fueron el escenario de su coronación. El bobsleigh de cuatro es una coreografía de fuerza bruta y precisión quirúrgica. Amadou, como empujador, es el encargado de dar el primer impulso al trineo. Son apenas cinco segundos llenos de potencia explosiva antes de que salte al bólido de acero.

Cuando cruzaron la línea de meta y el cronómetro se detuvo, el estadio estalló en vítores. Suiza volvió al podio olímpico de bobsleigh por primera vez desde 2014. Esa medalla de bronce no era solo metal; era el final de una sequía de más de 20 años en esta disciplina. Para un país alpino, un triunfo monumental. En ese momento, el orgullo por sus raíces panameñas y africanas latía con la misma fuerza que el de su ciudad natal.

IV. ‘Sigo siendo el mismo’: La humildad del campeón

De vuelta en Lenzburg, rodeado de vecinos que lo vieron crecer, Amadou demuestra que la velocidad del bobsleigh no lo ha alejado de la tierra.

-“Sigo siendo el mismo”, confiesa con una sonrisa tranquila.

Un corazón panameño sobre el hielo suizo
El atletismo fue la primera escuela de Amadou Ndiaye Tribaldos. Fotos: Romi Schmid / SRF

Aunque ahora lo reconozcan por la calle, su día a día conserva la esencia de aquel chico de la ciudad del mismo nombre. Tras tres semestres de bioquímica en la Universidad de Berna, ahora busca una formación que sea compatible con el deporte de élite, mientras sueña con sentarse algún día en el asiento del piloto.

Incluso en la cima del éxito, no olvida de dónde viene. En su conversación con el alcalde, Amadou planteó una petición: una nueva pista de tartán para Wilmatten.

-“Sin duda, eso haría latir más fuerte mi corazón”, aseguró. Es el deseo de un hombre que sabe que el próximo medallista quizá ya esté corriendo hoy mismo por esas pistas.

V. Un puente de gratitud: El abuelo y el horizonte

La velada en la Metzgplatz fue también un momento de profundo afecto. Amadou dio las gracias a sus padres, amigos y entrenadores, pero dedicó una mención especial a sus abuelos. En la figura de su abuelo panameño, la historia de Amadou cierra un círculo identitario único.

Esta mezcla de disciplina suiza y la resistencia y alegría de vivir de sus raíces panameñas y africanas es quizás el ingrediente secreto que le impulsó a lanzarse a una velocidad vertiginosa por un túnel helado. Amadou no olvida que la sangre que corre por sus venas lleva consigo el calor de un istmo lejano y la fuerza de un continente ancestral.

VI. Más allá del metal: La lección de un campeón

Al final de la velada, entre sándwiches, bebidas y el eco de las conversaciones que parecían no tener fin, flotaba en el aire una idea que Amadou destacó antes de abandonar el escenario. Para él, la medalla es un símbolo, pero no el objetivo final.

-“Lo decisivo es darlo todo. Quien lo hace, puede estar orgulloso de sí mismo, independientemente del resultado final”, explicó con la certeza de quien ha aprendido que el éxito nace en las sesiones de entrenamiento en soledad, en las frías horas de la mañana llenas de bioquímica y en la capacidad de levantarse tras cada caída.

Lenzburg se fue a dormir esa noche con el orgullo de contar con un medallista olímpico. Panamá se alegrará de saber que uno de los suyos ha conquistado los Juegos Olímpicos de Invierno. Amadou Ndiaye Tribaldos es la prueba viviente de que la identidad es un mapa sin fronteras fijas.

Un corazón panameño sobre el hielo suizo
Jóvenes piden autógrafos al equipo de Amadou Ndiaye Tribaldos.

Hoy es el empujador del equipo Vogt; mañana quizá sea el piloto que dirija su propio destino. Pero siempre, ya sea en la pista de tartán de Wilmatten o en el hielo olímpico, llevará consigo ese espíritu dual que lo hace único: un atleta con motor suizo y corazón panameño.


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