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Un encuentro con la felicidad

En el ensayo: “Preguntas para una nueva educación”, que se encuentra en el libro: La lámpara maravillosa, William Ospina hace las siguientes preguntas: “¿Dónde se nos forma como ciudadanos? Y ¿dónde se nos forma como seres satisfechos del oficio que realizamos? El tema de la felicidad no suele considerarse demasiado en la definición de la educación, y sin embargo yo creo que es prioritario“. En el marco de la actual reforma de la ley de educación, la reflexión del escritor colombiano me impulsa a realizar otras preguntas.

¿Cuáles son los escenarios y los encuentros en los que podemos crear momentos para que el estudiante pueda ser feliz? Si le hacemos esta pregunta a los niños y jóvenes, desde luego que contestarían en coro: “el timbre del recreo o de salida”. Sin duda, yo también era feliz cuando llegaba la hora del recreo. Pero también existen otros espacios para el encuentro con la felicidad y se llaman bibliotecas escolares.

La biblioteca escolar es un espacio activo para la felicidad. Puede llegar a ser un laboratorio de bienestar emocional, hospitalidad, libertad y florecimiento humano desde el descubrimiento personal. Es un lugar, según Michelle Petit, para la felicidad porque es una de las instituciones "más generosas y hospitalarias“, inventadas por los humanos; un lugar que escapa a la lógica de la competencia y se dedica al cuidado de la vida interior y al encuentro con los demás.

La biblioteca escolar, más allá de un centro de información, es la "cuna de la fantasía, el hogar de lo poético y el rincón de la palabra serena“. Es un espacio donde los estudiantes pueden ”alimentar su espíritu" y "sumergirse en el ensueño" para salir de la rutina cotidiana, lo cual genera un sentimiento de paz y bienestar. Esta función de "recreo literario" permite que el alumno experimente la lectura como una aventura y un placer, convirtiendo el espacio físico en un "recinto mágico y crucial".

Desde la biblioteca escolar la felicidad surge cuando la lectura no está sometida a la rentabilidad escolar ni a la sanción de una nota. Cuando se permite el vagabundeo y el hallazgo por azar, donde el niño busca un libro y descubre otro, acercándose a su propio deseo y a lo que aún ignoraba de sí mismo. Cuando se ofrece la oportunidad de tener experiencias de lectura individuales y colectivas espontáneas, fuera de las prácticas curriculares rígidas.

Para aquellos jóvenes que enfrentan determinismos sociales o que viven en contextos vulnerables, familias disfuncionales, la biblioteca opera como un "salvavidas" o una "segunda oportunidad“. La felicidad aquí se vincula con la posibilidad de confrontar la incomunicación, el desapego, el tedio, incluso, la violencia, desde un encuentro con el mundo que amplía sus horizontes más allá de su barrio o su condición social.

Desde la biblioteca escolar se construye la subjetividad propia, cuando las palabras ayudan a redescubrir la historia personal; los niños y jóvenes tienen la posibilidad de ser "un poco más sujetos" y menos esclavos de su dura realidad. Una biblioteca permite sentirse parte de "algo más extenso“, cuando se tiene conexión con lo humano que brinda un sentido de trascendencia y propósito.

La biblioteca escolar es un espacio de felicidad cuando funciona como un "laboratorio de escritura“. Esto sucede porque los estudiantes se apropian del lenguaje para crear su propia estética, su mirada del mundo. La biblioteca, como espacio poético, les otorga la libertad de imaginar otros mundos posibles y resignificar su realidad a través del juego con las palabras y la lectura.

Cuando escritores como Jorge Luis Borges, Mario Vargas Llosa o Willian Ospina se refieren a la lectura como una forma de felicidad es porque esta es un encuentro especial, individual, con el placer y la imaginación. Pero la verdadera aventura se da en el encuentro con la felicidad desde la otredad y la libertad. Este encuentro fortalece la autonomía personal desde la elección de lecturas que permiten tener una experiencia con la cultura y encuentros significativos con la vida.

La biblioteca ayuda a cerrar brechas sociales porque es un escenario donde los horizontes personales y sociales se amplían para crear significados. Al ser un espacio que garantiza el acceso a la información y la cultura, la biblioteca actúa como un primer paso para la inserción social y la lucha contra la exclusión, lo que contribuye a la dignidad y satisfacción vital del individuo.

Es sumamente importante que en la reforma de la ley de educación se tome en cuenta el valor social, cultural y espiritual de la biblioteca escolar como espacio de libertad y decisión personal que ayudan a fortalecer el bienestar emocional de los estudiantes. Pero no basta con pura poesía. Pedimos al gobierno, a las autoridades pertinentes, que formulen políticas públicas y marcos legales sólidos que garanticen el derecho de todos los jóvenes a transformarse en miembros activos de una sociedad lectora. ¿Acaso hay una mejor manera de formar ciudadanos preparados y felices?

El autor es escritor.


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