Parece interesante cómo nos comportamos los pueblos, sin importar sus orígenes o su educación. Está hartamente comprobado que mientras menos educación hay, más fácil se maneja o se controla a la población de un país. Para muchos, los tiempos modernos han cambiado la forma de pensar y de actuar de las “grandes mayorías”, y pudiera decirse que esto se debe a que estas supuestas mayorías han decidido no leer, no investigar y mucho menos comprobar lo que escriben o repiten.
La nueva enciclopedia, como punto de referencia, ya no es un libro, sino el aparatito con el que muchos amanecen y a quien le dicen buenas noches antes de dormir. Muchos “generadores de opinión” han descubierto que, al escribir algo que puede ser cierto o falso, es “su público” quien determina el nivel de certeza, y si a estos les suena como algo que es agradable o coincide con lo que ellos piensan, entonces, por obra de magia, el enunciado se convierte —por convencimiento— en verdad y digno de ser reproducido.
Entonces, los creadores de la mentira o de lo que ellos quieren hacer pensar que es verdad se convierten, casi que por arte de magia, en los grandes influenciadores, a quienes, por darles un “me gusta”, lo único que hacen es poner dinero en sus bolsillos.
Muchos de estos mal llamados influenciadores están siendo “financiados”, y es así como a varios se les ve hablando en contra de algún tema y, a los dos días, se cambiaron de bando y ahora son los mayores defensores del mismo.
Lo hemos podido percibir en temas de tanta sensibilidad como lo han sido la mina de cobre y, más recientemente, en el tema de dos puertos, uno de cada lado del Canal.
En relación a lo que en los últimos días ha acaparado los titulares de los diarios y noticieros del país, el fallo de la Corte Suprema de Justicia, con respecto a la renovación del contrato con la empresa Panama Ports/Hutchinson Wampoa, operadores de un puerto en Balboa y otro en Cristóbal, vemos a “expertos en temas portuarios” emitir opiniones a favor, en contra y —le agrego yo— todo lo contrario, que en muchas ocasiones no tienen fundamento alguno, más allá de querer “influenciar” sobre la forma de pensar y de expresarse de muchos.
Así vemos que no investigan ni consultan, y van emitiendo desacierto tras desacierto, pero con el morbo adecuado, para tratar de cambiar la opinión pública. Qué triste que la desidia de tantos gobiernos, ante la falta de una reforma educativa, ha sido el puente para que algunos hayan podido lograr, no solo cambiar la forma de pensar, sino hasta pensar por otros.
Regresando al tema de Panama Ports, hay quienes confundieron la “nacionalización” de los puertos con la negociación y firma del contrato original y su respectiva renovación. Ahora, ante el fallo de la Corte, critican el pronunciamiento del máximo organismo de justicia del país, pues “a su juicio” podría perjudicar la reputación en temas de inversión en nuestro país.
Nunca se les escuchó cuando se dio la renovación del referido contrato. Y es ahí donde pareciera estar el problema. Hay muchos intereses en juego, y la reputación de Panamá no debería estar en juego. Lo que debería investigarse es quiénes negociaron y en qué condiciones se firmó el referido contrato. No debería ser el acto final, sino el intermedio. Cuántas veces se cuestionó no solo la renovación, sino la “interpretación” de lo que se le debía pagar al Estado y hasta se les equiparó y, consecuentemente, se les exoneró de pagar dineros que hubieran sido de gran beneficio para todos los panameños.
Si las cosas no se hicieron, en cualquiera de las etapas, de la manera más cristalina posible, poniendo los intereses de los panameños por delante de cualquier otro, entonces esto nos dice que debemos estar más atentos, no a lo que nos dicen por las redes, sino por las vías oficiales y de alto reconocimiento que aún tenemos y que, infortunadamente, ante el “vil metal” que compra y vende, tuerce brazos y compra conciencias en algunas ocasiones, somos testigos mudos de lo que al final nos termina costando en vidas, dinero y hasta conciencias.
El autor es dirigente cívico y analista político.

