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Un fenómeno nacional, regional y mundial

De acuerdo con el último “Informe sobre las migraciones en el mundo 2022″, de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), se calcula que en 2020 había cerca de 281 millones de migrantes internacionales, lo que corresponde al 3.6% de la población mundial.

Con la llegada de la pandemia y la imposición de diversas restricciones sanitarias y de movilidad humana a nivel internacional, estas cifras no disminuyeron; todo lo contrario, demostraron la tendencia creciente de la migración irregular con la aplicación de políticas migratorias restrictivas y el uso de “corredores” irregulares como lo es el Tapón del Darién, para llegar a los países de destino.

Estas tendencias no solo se han reflejado en nuestra región. De acuerdo con el informe de la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex), el año pasado, la Unión Europea registró el mayor número de migrantes irregulares por sus fronteras desde el año 2016 y un aumento del 64% respecto al año anterior (2021), de los cuales un 45% de las entradas irregulares ocurrieron por los Balcanes Occidentales, en su mayoría de nacionales de Siria, Afganistán y Túnez. Diferentes crisis migratorias, contextos similares y una misma realidad: la tragedia humana.

En nuestra región, Panamá registró en 2022 un total de 248,284 migrantes irregulares en tránsito, que ingresaron por la frontera natural con Colombia, es decir, un 85% más de lo registrado en 2021 y un aumento de 2,889% respecto al 2020. Por tanto, si bien los flujos migratorios no son uniformes, el aumento de la migración irregular sigue persistiendo y desafiando la gestión migratoria y fronteriza de los Estados.

Para el primer mes de 2023 y a pesar de las últimas medidas migratorias impuestas por Estados Unidos, la migración irregular aumentó un 400% en comparación con enero 2022. Las nacionalidades más predominantes son la haitiana, ecuatoriana y venezolana. Es decir, si bien hubo una reducción porcentual de nacionales de Venezuela, los flujos migratorios irregulares no han disminuido; al contrario, han aumentado exponencialmente.

Habiendo dicho eso y enfocándonos en el fenómeno migratorio de nuestra región, el comportamiento de los flujos migratorios irregulares estará sujeto a diversos factores políticos, económicos, laborales y sociales de los países de origen, tránsito y destino, con gran énfasis en la capacidad de dialogo, negociación y acuerdo de los países de destino y tránsito, con los países del sur del continente, los cuales no están teniendo la capacidad de acogida a favor de la población migrante y generan flujos migratorios irregulares que incluyen el peligroso paso del Tapón del Darién.

Permitir a los migrantes ingresar a la selva del Darién, de la mano con el crimen organizado, aceptando una economía informal de venta de productos de supervivencia y tráfico ilícito de migrantes, es incongruente con las políticas migratorias de acogida de estos países y los derechos humanos de las personas migrantes que se encuentran en alta condición de vulnerabilidad, incluyendo a los menores de edad que representan el 18% de esta población.

Por otro lado, los países de destino como Estados Unidos deberían redirigir la política migratoria hacia la legalidad como base para el acceso a los permisos de residencia, es decir, evitar el constante fomento y renovación de permisos migratorios temporales basados en el ingreso irregular a sus fronteras y aumentar los permisos de residencia, aplicables desde el país de origen o residencia, para ciertas nacionalidades.

En este sentido, el pronóstico global es que la crisis persista y se agudice durante el 2023 y los años posteriores, representando un gran desafío para los Estados, organismos internacionales, instituciones financieras internacionales, ONGs, población migrante y sociedad civil en general.

¿Las recomendaciones? Compromiso político sobre el abordaje de la crisis migratoria en la región y el mundo; una hoja de ruta establecida para la gestión migratoria y fronteriza de los Estados; una articulación y coordinación con todos los actores multisectoriales involucrados en la seguridad, migración y protección internacional; una cooperación internacional presente, y una sensibilización intercultural, migratoria y de derechos humanos de toda la población.

La resiliencia es la clave.

La autora es abogada especialista en migración


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