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Un futuro en las estrellas

Se acercaba el 2 de octubre y olímpicos de 18 países de Latinoamérica no podíamos contener nuestra emoción. Panamá se convertiría en el punto de encuentro de 69 jóvenes apasionados por el espacio. Las XIV Olimpiadas Latinoamericanas de Astronomía y Astronáutica (OLAA) serían celebradas en nuestro país. Otra vez se hacía notar nuestro distintivo, “puente del mundo, corazón del universo”.

El nerviosismo me invadió al ver a las delegaciones de los demás países arribar al aeropuerto. ¿A quiénes conocería? ¿Qué acentos tendrían? ¿Qué palabras usarían? Muchas preguntas invadían mi cabeza mientras viajaba desde Chiriquí.

El 3 de octubre la Ciudad del Saber se vistió de colores vivos con Latinoamérica. Vimos entrar solemnemente las banderas de nuestros países. Conocíamos el esfuerzo que nos había tomado llegar hasta ahí. Éramos conscientes del compromiso que teníamos. Se unía Latinoamérica, por medio de su juventud, a través de las ciencias espaciales.

Tenía una gran conciencia que la sede de la olimpiada estaba ubicada en un sitio en el que, por décadas, los panameños no tuvimos acceso pues era ocupado por una potencia extranjera. Lo que un día fue una base militar, ahora era el punto de reunión para jóvenes brillantes, alegres y diversos. Quedan en la memoria de quienes nos visitaron nuestro impredecible clima y los imponentes rascacielos que son un distintivo de la ciudad de Panamá.

La Olimpiada Latinoamericana de Astronomía y Astronáutica (OLAA) no es para nada un simple encuentro intelectual. Propicia la interacción entre culturas. Pone a prueba nuestros conocimientos, nuestro trabajo en equipo, nuestro ingenio y, sin duda, nuestras capacidades físicas también. Entrenamos como astronautas, aprendimos sobre la biodiversidad de Panamá y logramos vencer la lluvia y lanzar cohetes.

La Olimpiada es todo un acontecimiento, que enriquece el intelecto, la cultura, la expresión y las alianzas. En ella, los retos más difíciles fueron, sin duda, la prueba individual y grupal multinacional de conocimientos, en las que debíamos demostrar nuestros saberes en matemática y física, el manejo de ecuaciones y conceptos de astrofísica y mecánica celeste, así como nuestra habilidad al analizar y graficar datos. Esto significó que, en nuestra preparación, debíamos llevar al siguiente nivel todo lo aprendido en nuestros colegios. Particularmente, la delegación panameña compuesta, con equidad de género, por 10 delegados, recibió semanalmente talleres que nos ayudaron a adaptar nuestros conocimientos en la física de nuestro entorno al comportamiento del universo. Además, pasamos por una prueba observacional, para la que nos instruimos en el manejo de telescopios y en la identificación de constelaciones y otros objetos celestes. Asimismo, nos preparamos para la prueba de cohetería, quizá la más divertida, en la que cada equipo de tres personas fue retado a elaborar cohetes con botellas de plástico propulsados con agua.

La presidencia de la XIV OLAA la ostentó la única doctora en astrofísica de Panamá. Todos pudimos aprender de ese claro ejemplo de liderazgo, perseverancia y pasión. En cuanto a olímpicas, se tuvo una participación femenina del 30%. Nosotras también tenemos el potencial de ser astrónomas, ingenieras, físicas o matemáticas. Cada una de las olímpicas formó equipo con dos varones. La olimpiada nos relacionó con la situación actual en ciencia, donde aún se necesita representación femenina. Nos enseñó a compartir nuestras ideas y a hacer valer nuestros conocimientos.

Ahora soy exolímpica. Mi propósito es continuar apoyando el crecimiento de las ciencias espaciales en mi carrera profesional. Espero ver y trabajar pronto con los nuevos jóvenes que acepten el reto de llevar a Panamá al espacio. Lo que se vivió del 3 al 7 de octubre, en Panamá, revitalizó mi esperanza. Estos 69 jóvenes somos solo una muestra de la cantidad de chicos que lucharán por el desarrollo en ciencia y tecnología de la región. Tenemos la responsabilidad de promover el desarrollo en ciencias espaciales. Panamá se distinguió por obtener 5 menciones honoríficas, 3 medallas de bronce y una medalla de plata. A los olímpicos de la región, reconozco su enorme esfuerzo. A los panameños nos toca seguir esforzándonos, conscientes de que el cielo no es el límite, si no, la esperanza de un futuro en las estrellas.

La autora es exolímpica OLAA y egresada del Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana (LLAC) 2020.


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