Este 5 de junio se celebra el Día Mundial del Ambiente. Este año, la conmemoración pone el foco en el cambio climático, una problemática que, especialmente en estos últimos meses, se ha convertido en un tema recurrente en todos los rincones del país.
Los cambios que experimenta el clima ya no son una amenaza lejana ni una advertencia reservada a informes científicos. Son una realidad que se manifiesta cada día ante nuestros ojos. Panamá enfrenta temporadas secas más prolongadas, eventos climáticos cada vez más extremos y un calor que, por momentos, parece tener mayor capacidad para convencernos de los efectos del cambio climático que cualquier reportaje científico.
Las consecuencias de estos cambios se han hecho sentir desde hace años en el País: una menor productividad agrícola que amenaza la seguridad alimentaria y el sustento de miles de familias; una mayor incertidumbre en la disponibilidad de agua para las operaciones del Canal de Panamá; una creciente presión sobre la cantidad y calidad de los recursos hídricos; y una mayor vulnerabilidad de comunidades particularmente expuestas a los impactos del clima, como las de la comarca Guna Yala.
Estas condiciones climáticas no solo nos obligan a preguntarnos qué podría ocurrir si estas tendencias persisten en los próximos años. También nos invitan a reflexionar sobre un aspecto que con frecuencia pasa desapercibido: nuestra vulnerabilidad frente al cambio climático no depende únicamente de factores globales, sino también de problemas ambientales que hemos acumulado durante décadas.
Si bien Panamá ha logrado importantes avances en materia ambiental, persisten desafíos que incrementan su vulnerabilidad frente a un clima cada vez más cambiante. Entre ellos destacan los vertederos colapsados y la persistente ineficiencia en la gestión de los residuos sólidos; la contaminación de los recursos hídricos, como la observada en la región de Azuero; la pérdida acelerada de ecosistemas naturales, particularmente en provincias como Veraguas y Darién; y el crecimiento urbano que, en algunas zonas del país, parece responder más a la improvisación que a la planificación, como ocurre en los alrededores de la ciudad de Colón.
Aunque Panamá no puede resolver por sí solo el cambio climático global, sí puede apostar por reducir los riesgos que este representa. Abordar estos desafíos ambientales no solo contribuiría a mejorar la calidad ambiental del país, sino también a fortalecer la resiliencia de nuestras comunidades frente a fenómenos climáticos cada vez más frecuentes e intensos.
En este Día Mundial del Ambiente, más que celebrar, debemos reflexionar. Reflexionar sobre las acciones que están en nuestras manos para reducir la vulnerabilidad del país y construir un Panamá más resiliente. El cambio climático es una realidad global, pero la magnitud de sus impactos en nuestro país dependerá, en buena medida, de las decisiones que tomemos hoy para enfrentarlo.
El autor es biólogo ambiental
