En la primera edición de este escrito, publicado hace algunos días, destacamos una serie de “curiosidades” que suceden no solo en la capital, sino en todo el país. Por eso, hoy sigo destacando cosas que se han convertido en cotidianas, que no son correctas, pero que nos estamos acostumbrando a ellas y que aspiro a que pronto todos critiquemos y nos animemos a denunciar, como ciudadanos responsables.
En este nuevo capítulo, inicio preguntando si a nadie le llama la atención la clase de plan de datos que tienen los policías, en especial los que supuestamente deben estar cuidando las calles o carreteras. Creo que a muchos les encantaría tener ese plan que parece ilimitado, ¿verdad?
Y si seguimos por la calle, hace varios artículos pregunté “quién le pone el cascabel al gato”, refiriéndome a los motorizados que no puedo decir que circulan por nuestras calles, sino que se han apropiado de ellas. No respetan semáforos, carriles, señales de alto, inspectores de tránsito ni nada. Y si por casualidad usted tiene la mala suerte de que alguno de estos se choque con usted, prepárese, pues llega un enjambre solidario para tratar de amedrentarlo. ¿Será que ese gato tiene un dueño con poder?
Otro tema que nos ha afectado a casi todos en algún momento es el de los camiones repartidores de mercancías. Debo asumir que pagan no solo un impuesto de circulación, sino también un permiso “para estacionarse donde les da la gana” y así no hacer que su personal camine demasiado, sin importar que cierran un carril de la vía donde estén (concurrida o no) por el tiempo que ellos desean. ¿Será que, además del custodio privado, también contratan a su inspector de tránsito personal?
Una pregunta que hice y que tuvo algo de efecto (muy poco, pero lo tuvo) en el gobierno anterior es sobre la circulación por el carril reservado para autobuses, ambulancias, bomberos, policías y algunos taxis que está en la cinta costera 1. Nunca he visto que también dice que lo pueden usar quienes conducen un auto con líneas amarillas o con las luces azules/rojas que ahora las tienen casi todos. Puedo pensar que el presidente de la república tiene estos privilegios, pero ¿los manzanillos también?
Otro tema que nos involucra a varios en muchos lugares son las famosas rotondas o redondeles que se han venido construyendo. Estas debieron ser de tres carriles (como sucede en otros países), pero bueno, sabemos que los carriles desaparecen por arte de magia, ¿verdad? Esto no quiere decir que los conductores los utilicen de forma correcta. La cantidad de accidentes que se producen diariamente nos indica que están mal construidos, pero también mal utilizados. Una campaña en medios por parte de las autoridades respectivas serviría para mejorar la vialidad y sus resultados.
¿Cuántos de nosotros hemos ido a alguna institución pública y nos han querido hacer sentir que nos hacen un favor al atendernos? Y ni siquiera es un comportamiento exclusivo de los “come empanadas”, sino que esta actitud se ha extendido a la esfera privada. Así, uno llega a un restaurante o a un almacén en centros comerciales y pocos son los colaboradores de estos que han tomado conciencia sobre la importancia de los clientes. Hay dos compañías dispensadoras de combustible que se distinguen por la capacitación que han dado a sus colaboradores. Nuestro paisano Rubén Blades nos vendió que “las sonrisas son gratis”. ¿Será que, con la inflación, ahora cuestan más compartirlas?
¿No les ha pasado que se suben a un elevador, dicen “buenos días” y nadie les responde? ¿O que cuando van a salir de un edificio sostienen la puerta a las personas que vienen detrás de usted y nadie les agradece? ¿Dónde se quedaron las buenas costumbres que nos enseñaron nuestros padres y maestros? No podemos vivir pegados a ese aparatito que originalmente servía para hacer llamadas. Somos una “sociedad”, es decir, vivimos de forma social y convivimos para interactuar.
Los seres humanos debemos practicar la “humanidad”, es decir, convivir y compartir. Dejemos de pensar solo en nosotros mismos, de ser egoístas y convencernos de que lo que nosotros pensamos es la regla general. No, no lo es; quizás es en lo que coinciden nuestro círculo de amistades, pero no como piensa o siente el resto de esa mayoría, a veces silente hasta que explota.
No permitamos que se nos explote el globo en la cara. Ya pasamos de luz verde a amarilla y estamos en la luz roja de alerta urgente. Y tú que estás leyendo, ¿también llegaste a la roja?
El autor es analista político y dirigente cívico.
