“Va a haber desfile de Navidad”, ha dicho el alcalde de la capital panameña. “Será otro acto post pandemia para poder darle nuevamente a los niños y niñas de nuestro país fe y esperanza”. Serán “doce carruajes decorados y doce delegaciones entre bandas y presentaciones especiales”, y el costo es de 5.7 millones de dólares, incluido el alumbrado.
“¡Soñemos Panamá, llegó la Navidad!”, es el nombre que a sus actividades navideñas ha dado el municipio, un sueño carísimo (Madrid se gastará 5.5 millones de euros más o menos), que nos envuelven en fe y esperanza para los niños. Un año más, los políticos, de todos los colores, van a despilfarrar nuestro dinero en nombre de la Navidad.
¿Cuántas cosas se pueden hacer con 5.7 millones de dólares? Colapsamos el país por el combustible, pero no somos capaces de salir y exigir que ese dinero, viniendo de una pandemia tan mal gestionada, se use en algo más que en “fe y esperanza” para nuestros hijos, que lo que necesitan son escuelas bien dotadas, calles pavimentadas y limpias, más seguras, y no 400 puestos provisionales de trabajo para los llamados “buhoneros”, como si el término fuese nuevo.
Dejemos de consumir sueños caros y agudicemos el criterio. Al final, serán cuatro o cinco los que de verdad van a ver sus esperanzas y su fe colmadas por esos millones que se van a llevar organizando un evento que no necesitamos, pero que la gente apoya para después quejarse de las malas infraestructuras municipales con sorpresa sonrojante.
“¡Despierta Panamá, no te dejes conguear!”, es la campaña que yo firmaría. No estamos para bandas ni carruajes decorados, necesitamos respuestas en materia de seguridad, salud y educación y ya lo sé, no son competencias municipales, pero qué bien nos iría si desde el distrito capital se demostrara lo que se puede hacer pensando en la gente, pero no, luces, ponche y santacláus, eso es “soñar Panamá” para un puñado de funcionarios irresponsables.
El autor es escritor.
