Hoy hace un año desapareció físicamente nuestro amigo, mentor y modelo a seguir don Felipe Motta, Jr. A don Felipe lo había conocido por muchos años, mas no había tenido la oportunidad de trabajar con él. Le tenía en alta estima y admiración, pues era un empresario exitoso con una vena de responsabilidad social bien marcada, un hombre de familia, de valores y acción. Antes de su partida, tuve el privilegio de colaborar con él en su último emprendimiento ambiental.
Recuerdo vívidamente que todo comenzó una tarde gris de julio del 2017. Un grupo de vecinos nos reunimos preocupados por la gran cantidad de basura que vemos bajar por el Matías Hernández, ese pequeño río que cruza Costa del Este y que cada época lluviosa asombra e indigna a muchos por los continuos carriles de toneladas de desechos que sobre él, silenciosa y trágicamente, van a nuestra bahía de Panamá y al océano Pacífico.
Don Felipe expresaba, como siempre, su disposición a hacer algo, entendiendo que el tema que conversábamos es complejo, con actores variados y cuyos impactos trascienden los confines geográficos de donde nos encontrábamos. Surgieron muchas ideas: hacer más eficiente el sistema de recolección de basura, proponer gravar la importación de plásticos, multar a los que tiran basura en la calle, educación y limpiezas de playa, entre otros. Lo que teníamos claro es que estábamos cansados de la queja y de la inacción. ¿Por qué y hasta cuándo esperar a que otros resolvieran el problema? Seguramente había acciones que nosotros podíamos tomar.
Y así comenzó Marea Verde, hace ya cinco años. Don Felipe accedió a ser presidente fundador, dándonos un espaldarazo e imprimiéndole credibilidad a nuestro grupo. Realizamos varias acciones de sensibilización, educación y limpieza. Sin embargo, el proyecto que más le animó fue la instalación de BoB, la barrera flotante en el río Matías Hernández. Nos tomó tiempo determinar el diseño adecuado, conseguir los permisos necesarios, el lugar, etc. Cuando finalmente estuvimos listos, en febrero de 2019, el desempeño de BoB y el volumen de desechos que evitó llegar al mar nos sorprendió a todos. Don Felipe participó de todas las actividades, siempre presente y vigilante, sin querer figurar, guiándonos con sus recomendaciones y críticas constructivas para mejorar, pero sobre todo atento a su siempre principal objetivo: el bienestar de la gente.
Basado en las lecciones de la instalación de BoB, aplicamos al llamado global de propuestas del Benioff Ocean Initiative, junto con los inventores del TrashWheel de Baltimore, Maryland, Estados Unidos, y un equipo de profesionales y aliados panameños. Ya él conocía esta máquina, la había ido a ver en alguna visita a esa ciudad. Nunca nos imaginamos que nos lo pudiéramos ganar, pero era el destino de Dios que se diera. Unas semanas antes de conocer el resultado de la convocatoria, como si él tuviera contacto directo con el de más arriba, nos dijo optimistamente que sabía que nos lo ganaríamos.
Lastimosamente, don Felipe se nos adelantó antes de ver funcionando a Wanda Díaz, como hemos bautizado la versión panameña de la máquina. En el largo camino para poner en marcha a Wanda, con frecuencia nos preguntamos qué hubiera hecho él en determinada situación. Gracias al trabajo de muchos ya pronto la estaremos inaugurando. ¡Cómo nos gustaría que estuviera aquí! Tal vez desde allá arriba, en ese mejor lugar, pueda verla recogiendo la basura del río Juan Díaz. Esperamos hacerle sentir orgulloso de su último emprendimiento ambiental; definitivamente es nuestra intención.
A don Felipe, a quien extrañamos y llevamos presente en nuestros corazones, le estaremos eternamente agradecidos.
La autora es presidenta Marea Verde Panamá.
