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Una clase, muchas clases…

Una clase, muchas clases…
Un aula escolar, una lección y múltiples interpretaciones. Ilustración generada con IA (DALL·E / OpenAI).

Es muy común pensar que, cuando un profesor entra al aula e imparte su clase, todos sus estudiantes procesan la información de manera uniforme. El docente planifica cuidadosamente su lección, organiza los contenidos con lógica, se dirige al grupo con claridad y, al terminar, puede pensar con cierta tranquilidad: seguramente todos entendieron.

Sin embargo, dentro del aula ocurre un fenómeno que muy pocos advierten. En realidad, el profesor no está dando una sola clase. Está dando muchas clases simultáneamente. La clase que el docente cree haber explicado es solo una versión. Existe también la clase que cada estudiante escucha, la que cada uno interpreta, la que logra comprender y, finalmente, la que decide recordar.

Una misma explicación puede resultar fascinante para un estudiante y completamente confusa para otro. El profesor puede sentir que sus ideas fueron claras, pero para algunos estudiantes esas mismas ideas se convierten en un laberinto. Y lo que para unos representa un concepto estimulante, para otros puede ser apenas un dato más que memorizar para un examen.

Por eso, enseñar nunca ha sido simplemente una transferencia de información. Tampoco es un proceso mecánico en el que el conocimiento pasa intacto de una mente a otra. Cada estudiante recibe lo que escucha y lo mezcla con lo que ya sabe, con sus experiencias, con sus dudas y, muchas veces, con sus propias inseguridades.

En ese sentido cobra especial vigencia una frase atribuida a la escritora Anaïs Nin (1903-1977): “No vemos las cosas como son, sino como somos”. La afirmación, profundamente humana, describe lo que ocurre en el aula. De ahí que otra sentencia pedagógica cobre sentido: “La enseñanza no ocurre en la boca del profesor, sino en la mente del estudiante”. Comprender esta idea cambia radicalmente la manera de entender el proceso educativo.

Si el aprendizaje ocurre en la mente del estudiante, entonces la clase verdadera no es solo la que el profesor planifica, sino la que logra construirse en la mente de quien escucha. Esa construcción depende de factores que ningún docente puede controlar por completo: la atención, la motivación, el conocimiento previo e, incluso, el estado emocional con el que cada estudiante llega al aula.

Por eso no sorprende que algunos estudiantes salgan de una clase convencidos de haber descubierto algo importante, mientras otros se marchan con la sensación de no haber entendido casi nada. No necesariamente uno tiene razón y el otro no. Lo que ocurrió es que vivieron experiencias cognitivas distintas dentro del mismo espacio. Un buen profesor aprende a convivir con esas variables.

En este punto adquiere relevancia la neuroeducación, un campo que estudia cómo aprende el cerebro humano y cómo ese conocimiento puede enriquecer la práctica pedagógica. La neurociencia ha demostrado que el aprendizaje es un proceso altamente personal: cada cerebro construye significados a partir de su historia, de sus emociones y de sus conexiones neuronales previas.

En otras palabras, cada estudiante aprende de manera distinta porque cada cerebro es distinto. Por ello, enseñar no consiste simplemente en repetir información, sino en crear las condiciones para que el pensamiento ocurra. Y el pensamiento, como sabemos, nunca sucede de forma idéntica en dos personas.

Tal vez por eso la verdadera medida de una clase no sea lo que el profesor dijo, sino lo que los estudiantes lograron construir con esas palabras. Porque, aunque desde fuera parezca lo contrario, en cada aula siempre ocurre lo mismo: una sola clase se transforma, inevitablemente, en muchas clases distintas.

Probablemente, la mayor sabiduría del buen docente consista en comprender esta realidad. Quizá no simplifique el trabajo, pero sí lo vuelve más humano. Enseñar, al final, es aceptar que el conocimiento no viaja en línea recta. Viaja por múltiples caminos, entra en distintas mentes y toma diversas formas.

El autor es profesor universitario, abogado y periodista.


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