El presidente Joe Biden recibirá a los líderes del continente americano en Los Ángeles del 8 al 10 de junio, para la novena Cumbre de las Américas, con un objetivo ambicioso pero simple: ayudar al hemisferio entero, incluyendo Estados Unidos, a materializar su potencial como una región donde la democracia responda a las necesidades de todos y las personas puedan hacer realidad sus aspiraciones, independientemente de dónde vivan.
La democracia y los mercados han generado beneficios extraordinarios para el continente americano en los últimos 40 años, pero muchas personas siguen enfrentado desafíos y experiencias trágicas: la madre en duelo porque pandillas en El Salvador acabaron con la vida de su hijo; la familia haitiana que huyó de la pobreza y la falta de ley; el agricultor de Paraguay que perdió su cosecha por la sequía, o los padres de Oklahoma que perdieron a su hijo por el opioide ilegal fentanilo. Podemos y debemos hacer más por todas las personas de América.
Aunque la Cumbre es un encuentro de gobiernos, se centra en la piedra angular de todas nuestras sociedades: nuestra gente. La covid-19 ha cobrado más de 2.7 millones de vidas en nuestro hemisferio y ha provocado un daño económico masivo, con pérdidas de empleo, merma de los ingresos e índices de pobreza crecientes. La crisis económica exacerbó las desigualdades históricas de la región, y sus efectos afectaron, sobre todo, a las comunidades marginadas. La pérdida de puestos de trabajo ha sido particularmente alta para mujeres, trabajadores jóvenes, las personas con niveles de educación bajos y quienes trabajan en el sector informal. La invasión rusa de Ucrania provocó un alza en los precios de productos esenciales en la región, desde fertilizantes y trigo hasta petróleo. Nuestra prosperidad común depende de la recuperación económica y de que avance el crecimiento de la clase media en todos los países de la región.
Seguimos teniendo un vínculo estrecho con los pueblos y las economías de toda América.
Son muchas las tareas que tenemos por delante. Durante la Cumbre, debemos comprometernos con una recuperación ecológica y equitativa, la resiliencia en nuestros sistemas sanitarios y la revitalización de las democracias. Debemos impulsar una gobernabilidad con transparencia y rendición de cuentas, y promover y proteger los derechos humanos, el Estado de derecho, la inclusión social y la igualdad de género, racial y étnica. Podemos favorecer la prosperidad inclusiva si construimos una economía digital que sume más personas al empleo formal; por ende, debemos empeñarnos en promover redes de telecomunicaciones interoperables, resilientes, seguras y confiables y en facilitar un acceso a internet de banda ancha asequible y universal.
Aprovechar el potencial inmenso que tiene la energía limpia en el hemisferio puede ser un propulsor del desarrollo económico y para responder a la crisis climática, y por eso debemos expresar nuestro compromiso de usar tecnologías eficientes y con ahorro energético para alcanzar un nivel de cero emisiones netas.
El progreso en todas estas áreas restablecerá en la ciudadanía la confianza en que la democracia puede dar respuesta a las necesidades de la gente. Debemos enfocarnos en las responsabilidades básicas de gobierno: brindar seguridad, atención de la salud, educación, infraestructura y Estado de derecho. Para lograr esto, nos proponemos invertir más en nuestra gente a través de la educación; construir instituciones más inclusivas y fortalecerlas; proteger y consolidar el papel crucial que desempeña la sociedad civil independientemente y respetar la dignidad humana que corresponde a cada persona.
El futuro de nuestro hemisferio sigue siendo prometedor. La administración Biden-Harris usará las oportunidades que ofrece la novena Cumbre de las Américas para contribuir a que todas las personas de América sean beneficiadas.
El autor es el secretario adjunto de la Oficina para el Hemisferio Occidental del Departamento de Estado de Estados Unidos.
