“Aquel día estaba de turno en el cuartel de San Felipe. Tenía 19 años. Con un amigo, nos fuimos a casa cuando salimos de turno. Pronto sería Navidad. Había un ambiente festivo a pesar de las tensiones con Estados Unidos (EU). Mamá Fide me levantó a las 2:00 de la mañana. Había iniciado la invasión a Panamá. Tomó mi uniforme y lo quemó a un costado de una escuela cercana. Me salvé por poco. Si no me hubiese ido antes a la casa, tal vez no estaría contando esta historia”, me dijo tío Cholo, quien solo recientemente había ingresado a las fuerzas de defensa de aquel entonces. |
La experiencia de vida de un familiar cercano fue mi primera interacción con los sucesos del 20 de diciembre. ¿Que pasó y qué llevó a EU a tomar la decisión de invadirnos el 20 de diciembre de 1989?
Hoy, nuestra generación puede disfrutar de vivir en democracia. Se hace imprescindible para las nuevas generaciones comprender porqué hoy en Panamá disfrutamos de una democracia perfectible que, a veces, no apreciamos en su justo valor.
La historia se inicia con la instalación del llamado “proceso revolucionario” tras el golpe de Estado del 11 de octubre de 1968. Con la muerte de Omar Torrijos en 1982, se inicia una lucha de poder interna. Tras una sucesión de “hombres fuertes”, Manuel Antonio Noriega se hace del poder cuando Rubén Dario Paredes se candidatiza a la presidencia de la República. “Buen salto, Rubén” fue la enigmática frase de Manuel Antonio Noriega que de alguna manera pronosticó su salto al vacío.
Las constantes luchas reivindicativas del pueblo panameño por una democracia toman fuerza tras el atroz asesinato de Hugo Spadafora. La penetración de la corrupción, del crimen organizado y del narcotráfico en las fuerzas de defensa al más alto nivel hace que una ciudadanía indignada rompa el silencio. La muerte del soldado norteamericano Roberto Paz fue el desencadenante de una invasión que trae como colofón la muerte de cientos de panameños.
Panamá paga un caro precio por librarse de un régimen autoritario y corrupto. Esta realidad nunca debe ser olvidada. Debe estar presente en las conciencias críticas de nuestros contemporáneos. Los pueblos que no conocen su historia están destinados a repetirla.
En el presente, la juventud tiene importantes desafíos: el reto de la Caja del Seguro Social, la mejora de la calidad y de la equidad de la educación, la disminución de las grandes desigualdades, el pobre desarrollo de las poblaciones, la mano corrupta presente en nuestras instituciones públicas, el ineficiente sistema de justicia y las pocas oportunidades laborales. Todo ello hace que miles de jóvenes como yo, digamos: “¡Basta ya!”
Rompamos paradigmas y hagamos propuestas. Un ejemplo de ello es lo que hacen grupos como Jóvenes Unidos por la Educación.
Es momento de contar la historia completa: debe ser guía para que nosotros, el bien llamado futuro del país, podamos reflexionar y preservar, a capa y espada, la institucionalidad democrática y el Estado de derecho que tantos sinsabores y vidas humanas nos han costado.
Pareciera que estamos ante un despertar juvenil, cansado de ser eslogan de política populista, que quiere pasar a la acción, para que la juventud tenga un papel activo y real en el devenir nacional.
Hoy, recordamos este día terrible de nuestra historia. Lamentamos la muerte de inocentes a quienes no se les ha hecho justicia. El 20 de diciembre, además de una fecha de reflexión, debe ser, justo por el alto precio que pagamos, un espacio para pensar en el Panamá que queremos construir.
Tío Cholo hoy tiene 52 años. Yo, 19. Decidió en su momento ser parte de la policía civil. Hoy, policía nacional. Tomó esta decisión con el propósito de servir a su patria. En mi caso, aspiro a servir a Panamá, siendo un agente de cambio y, desde la acción, conjurar peligros que amenacen nuestra paz social. Decía Torrijos “todo pueblo tiene un límite de paciencia”. Tenía razón: que las incomodidades y las faltas de oportunidades no sean los detonantes que pongan en peligro, nuestra democracia. Una democracia pagada con sangre inocente y vidas humanas.
El autor es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación y participante de LLAC 2022
