En el Centro de Capacitación Ascanio Arosemena del Canal de Panamá arde una llama eterna. No es un monumento de bronce y fuego: es el escenario donde 150 agentes de cambio del Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana (LLAC) 2.0 —organizado por Jóvenes Unidos por la Educación y el Canal de Panamá— nos reunimos para construir el futuro del país. Es un espacio donde la memoria de los héroes del 9 de enero de 1964 nos recuerda que la transformación no la construyen espectadores. Una nueva generación se prepara para continuar ese legado.
Esta segunda edición del Laboratorio Avanzado reúne a cinco generaciones de egresados del LLAC, de 2020 a 2025. No llegamos a este espacio por casualidad: nos convoca nuestro compromiso con la transformación de Panamá. Sabemos que esta plataforma nos ofrecerá las herramientas para consolidarnos, formalizarnos y generar impacto duradero.
Mientras el LLAC 1.0 ha formado exitosamente a más de 1,100 agentes de cambio, el LLAC 2.0 va más allá: pasamos del proyecto individual al movimiento colectivo; de la intervención puntual a la transformación escalable; del liderazgo personal al impacto sistémico. El Laboratorio Avanzado existe para los egresados del LLAC 1.0, con el fin de ofrecernos las herramientas necesarias que aseguren la sostenibilidad y escalabilidad de nuestros proyectos. Para ejercer la verdadera ciudadanía: la que nace desde la acción.
Venimos de todos los rincones del país —de la ciudad y del campo, de comarcas y provincias, de escuelas públicas y privadas—. Traemos perspectivas diversas y experiencias únicas. Compartimos una convicción unificadora: Panamá merece mejores días. Y nosotros somos parte activa de esa transformación.
Nuestros proyectos plantean soluciones diversas: desde la Historia para no repetir errores del pasado; la Sostenibilidad Ambiental para garantizar que las decisiones de hoy no comprometan el mañana; el Emprendimiento como motor de desarrollo económico inclusivo; y la Ingeniería como herramienta democratizadora que cierra brechas y abre posibilidades donde antes solo existían limitaciones.
Ya hemos iniciado esta jornada. Hemos evidenciado el gran calibre del currículo que nos espera. En nuestras primeras sesiones aprendimos sobre herramientas fundamentales para la transformación social, como la construcción de confianza —catalizador de cohesión social y garantía de productividad para organizaciones, empresas y países—. Comprendimos que un líder debe inspirar, clarificar y empoderar a otros para incidir de manera sistémica en nuestra sociedad, ejerciendo un liderazgo ético: aquel que va más allá de las buenas intenciones y tiene como norte el bien común.
También redefinimos el concepto de sostenibilidad: trasciende el medio ambiente e involucra a las personas para mitigar los impactos de nuestras acciones, cerrar brechas de desigualdad y abrir oportunidades a las generaciones futuras. La sostenibilidad es legitimidad, y garantiza que los cambios sean duraderos y adoptados por las comunidades.
Exploramos las modalidades jurídicas que permiten formalizar nuestros proyectos, dándoles la estructura legal para escalar, acceder a financiamiento y establecer alianzas estratégicas que multipliquen nuestro impacto.
El Laboratorio Avanzado es intenso e inmersivo, pero indispensable para transformar nuestro país. Más allá de las herramientas avanzadas que adquirimos, lo verdaderamente importante es lo que está por venir: una oleada de líderes comprometidos que incidirán positivamente en el destino de Panamá. Los resultados no se medirán solo en titulares o menciones en redes sociales: se escribirán en las vidas de las personas impactadas —en el estudiante que encontró un mentor, en la comunidad que aprendió a rescatar su ecosistema, en el joven que descubrió herramientas para cuidar su salud mental o en la familia que accedió a oportunidades antes inalcanzables—.
Los héroes del 9 de enero nos enseñaron que la transformación no la construyen los espectadores. Nosotros heredamos esa llama y la honramos con acciones concretas, proyectos tangibles y resultados medibles.
En el mismo lugar donde arde la memoria de quienes dieron todo por Panamá, hoy se forjan quienes darán todo para transformarla. La llama eterna no es un recordatorio del pasado: es una antorcha que pasa de generación en generación. Hoy, esa antorcha está en nuestras manos. Y no descansaremos hasta que su luz alcance cada rincón del país.
El autor es egresado del LLAC 2025 y participante del LLAC 2.0.

