A la clase trabajadora le asiste por justicia propia y como fin en sí mismo el derecho a la prosperidad y la felicidad, ya que, como verdad incuestionable, la riqueza y el PIB provienen del trabajo físico, intelectual e innovador de los trabajadores. Esto contrasta con el actual modelo económico que solo privilegia a una casta de apellidos familiares, que son el causante directo de que estemos entre los tres países con la economía más desigual de América.
El 15 de mayo de 1891, el Papa León XIII, frente a obispos y catedráticos laboralistas, hace pública su carta Rerum Novarum (en latín) o De las Cosas Nuevas (en español), convirtiéndose en la primera encíclica social de la Iglesia Católica en apoyo directo a la clase trabajadora para la obtención de propiedades como notable y equitativa ventaja para la distribución de la riqueza y su aproximación entre las clases, disminuyendo así el abismo entre la extrema riqueza y la extrema indigencia. Esto generó entusiasmo en el trabajador, quien simultáneamente devengaría un salario y a la vez sería copropietario, aumentando con ello su prosperidad y felicidad, asegurando su descanso futuro.
La encíclica Rerum Novarum también advierte del arribo de la quinta columna o disidencia controlada, que usa a los trabajadores a través de seudopropaganda, narrativas falsas fracasadas y disfrazadas, para intervenir en el movimiento social por la vía de teorías socialistas, que incitan a los pobres y trabajadores al odio hacia los ricos para la toma de sus bienes, instaurando regímenes totalitarios que el tiempo ha demostrado ser un total fracaso y causantes de más miseria y pobreza para la clase trabajadora.
Por lo tanto, frente a esa demagogia desinformativa, debemos remarcar que el sindicalismo no es de derecha ni de izquierda; el sindicalismo es de derechos, que no tiene color, que no es amarillo ni mucho menos rojo, que es de multicolores.
Anotamos, además, que el sindicalismo, como derecho humano, es inherente a normas, convenios y tratados internacionales de comparación jurídica. En lo sucesivo, esta iniciativa debe dar advenimiento a un neosindicalismo, que apueste al género humano, con respeto a sus creencias, diferencias y valores fundamentales, de respeto al Estado de derecho con amor, justicia social, libertad, democracia, prosperidad, equidad e igualdad para todos los panameños.
Además, con esta propuesta de ley acabaríamos con las distorsiones estructurales de la economía que siguen siendo el mayor caldo de cultivo para los fariseos y herejes de la disidencia controlada, que, con sus discursos de odio, promueven la conflictividad social para arrastrarnos al caos donde afloran sus más oscuros instintos de frustración y baja autoestima.
El autor es dirigente sindical.
