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Una nueva etapa para Mercosur: ¿y si vuelve Venezuela?

Una nueva etapa para Mercosur: ¿y si vuelve Venezuela?
La reciente cumbre de jefes de Estado del Mercosur se llevó a cabo en Asunción. Tomada de @SantiPenap

Mientras América Latina atraviesa momentos intensos en lo que respecta a negocios y atracción de inversión, la reciente firma del acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur —que busca eliminar aranceles para facilitar el intercambio de bienes y servicios entre ambos bloques y crear una de las mayores zonas de libre comercio del mundo— ha puesto en el centro del debate la necesidad de cohesión regional y certezas democráticas.

En ese contexto surge una pregunta que pocos líderes pueden ignorar: ¿qué pasaría si Venezuela logra consolidar un retorno a la democracia y, con ello, su reintegración plena a Mercosur? Las condiciones no están dadas todavía —un proceso de transición democrática puede tomar años y requiere transformaciones institucionales profundas—, pero la sola posibilidad merece atención estratégica.

Venezuela fue suspendida de Mercosur hace años por el incumplimiento de compromisos democráticos y de derechos humanos. El Protocolo de Ushuaia, que condiciona la participación plena en el bloque a la vigencia de instituciones democráticas, sigue siendo una referencia clave para cualquier regreso. Si ese retorno llega, Mercosur podría transformarse no solo en un espacio comercial más amplio, sino en una plataforma política más cohesionada.

Para Panamá, que recientemente se ha sumado como Estado Asociado y busca posicionarse como un hub logístico y de servicios entre mercados globales, la posible reincorporación de Venezuela a Mercosur abre varias oportunidades claras. La región sudamericana no solo ganaría en volumen de mercado, sino también en diversidad de recursos y sectores productivos que complementarían los ya existentes dentro del bloque. Panamá, por su parte, podría fungir como puente entre este mercado ampliado, la Unión Europea y los Estados Unidos.

Este nuevo Mercosur ampliado podría impulsar flujos de mercancías y servicios que pasen necesariamente por las rutas logísticas que conectan el Caribe, Centroamérica y Sudamérica. Panamá, con su Canal, sus puertos y aeropuertos, zonas francas, servicios financieros y su condición de sede regional de muchas multinacionales que operan bajo el Régimen de Sedes de Empresas Multinacionales (SEM), tendría ventaja para consolidarse como centro de redistribución y consolidación de mercados.

Las empresas europeas y norteamericanas que busquen abastecer a Sudamérica —o establecer cadenas de valor integradas entre los tres continentes— encontrarían en Panamá una base operativa ideal.

Desde el punto de vista de los Estados Unidos, un Mercosur que incluya nuevamente a Venezuela podría ofrecer incentivos geopolíticos y comerciales relevantes. Washington ha mostrado interés en la región y en la redefinición de las relaciones comerciales frente a modelos de dependencia excesiva en mercados lejanos.

Al mismo tiempo, un Mercosur más fuerte y con mayor legitimidad posee una dimensión de estabilidad que tranquiliza a los inversionistas. No olvidemos que Estados Unidos sigue siendo uno de los principales destinos comerciales para América Latina, y un Mercosur cohesionado podría favorecer inversiones conjuntas en cadenas productivas compartidas, desde manufactura ligera hasta servicios tecnológicos o logísticos.

La Unión Europea, por su parte, tiene motivos geoeconómicos para respaldar un Mercosur ampliado. El acuerdo firmado representa un intento de diversificar relaciones comerciales fuera de su tradicional eje transatlántico con Estados Unidos y Asia, y un bloque más sólido con Venezuela incluido podría significar un intercambio más dinámico con países sudamericanos.

Claro está que estas oportunidades no se concretan por sí solas. Requieren liderazgo político, reformas económicas, seguridad jurídica y una diplomacia regional activa. Panamá debe seguir consolidando su papel como centro logístico —no solo para el tránsito de bienes, sino para servicios integrados de comercio global—, con miras en una América Latina más interconectada.

Si Venezuela logra reincorporarse a Mercosur, la región podría dar un paso histórico hacia una integración más profunda y equilibrada. Panamá, con su ubicación estratégica y su enfoque en servicios y logística, tiene la posibilidad de ser un actor central en esa nueva trama comercial que se teje entre Sudamérica, Europa y los Estados Unidos.

El desafío es grande, pero también lo son las oportunidades. Los regímenes de Zona Franca de Panamá, así como los regímenes SEM y EMMA, pueden ser motores que dinamicen la nueva etapa en la que entra Mercosur.

El autor es socio líder Deloitte Panamá.


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