Los países de la región SICA (Centroamérica y República Dominicana) son reconocidos por su producción frutícola de alta calidad, como plátano, piña, melón, aguacate, cítricos y muchas más, lo que contribuye significativamente a sus economías y a la generación de empleo y de divisas. Sin embargo, esta industria también genera una cantidad sustancial de residuos, lo que crea una valiosa oportunidad para invertir.
Un estudio realizado por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), en 2018, concluyó que los residuos orgánicos, en términos generales, son los que más se generan y los que menos se gestionan en América Latina y el Caribe; esa falta de tratamiento provoca la generación de gases de efecto invernadero y la producción de lixiviados que impactan negativamente en el medio ambiente y en la salud pública, además de disminuir la calidad de los productos eventualmente reciclables y dificultar un proceso posterior.
Según la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la región del SICA produjo más de 20 millones de toneladas métricas de frutas en 2021 (Faostat, 2023). En el periodo entre 2018 a 2021, el sector ha mostrado un incremento anual promedio del 4% en el rendimiento; importante destacar el crecimiento anual constante de 30% en República Dominicana para el mismo periodo, sin mencionar que la producción frutícola aporta más del 30% del valor de la producción agrícola regional, por lo que podemos inferir que esta vasta productividad también genera grandes cantidades de desechos orgánicos, incluidas cáscaras, semillas y otros subproductos.
Al ser un sector tan dinámico y en constante desarrollo, la inversión en el aprovechamiento de residuos de la industria frutícola en la región SICA es una importante oportunidad para la creación de valor en este sentido. Las acciones relacionadas pueden contribuir de forma considerable a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, la degradación del suelo y la contaminación del agua y, al mismo tiempo, la generación de nuevas fuentes de empleo, mayor comercio y acceso a nuevos mercados.
Para ilustrar, el compostaje puede crear nuevas oportunidades comerciales al producir fertilizantes orgánicos de alta calidad para los pequeños y medianos productores agrícolas, respondiendo también a la alta dependencia de insumos químicos que existe en la región. La extracción de compuestos naturales a partir de los residuos de frutas también es una atractiva oportunidad de inversión, ya que estos compuestos tienen una amplia gama de aplicaciones en las industrias alimentaria y cosmética.
Invertir en este tipo de prácticas para el aprovechamiento de residuos de la industria frutícola puede aportar en la creación de nuevas oportunidades de trabajo en el sector y promover el desarrollo económico de la región con un enfoque circular. Pero también contribuiría a la incorporación de nuevas tecnologías, facilitaría el acceso de financiamiento internacional a través de organizaciones multilaterales de crédito e impulsaría la transferencia de experiencias para la transición tecnológica.
A medida que crece la demanda de productos y prácticas comerciales más conscientes con el medio ambiente, invertir en el aprovechamiento de residuos debe acompañarse de la articulación con instancias de investigación que fortalezcan las capacidades de instituciones públicas y privadas para la gestión de información.
Al impulsar la cooperación interinstitucional, establecer metas claras, impulsar alianzas público privadas, reforzar el apoyo en tecnología y ampliar el panorama de las oportunidades de inversión en la región SICA, se avanzaría a un sector frutícola más justo y responsable para los medianos y pequeños productores de la agricultura familiar, así como para la sociedad y el medio ambiente. Estos son elementos imprescindibles para la continuidad de la Política Regional de Desarrollo de la Fruticultura (2011-2025), para impulsar una mejor producción, una mejor nutrición, un mejor medio ambiente y una vida mejor.
Los autores son especialista en comercio agroalimentario y oficial de sistemas agroalimentarios y comercio de la FAO, respectivamente
