En el corazón de cada nación reside su futuro: sus niños. Sin embargo, para Ucrania, ese futuro ha sido herido de la manera más cruel imaginable. Desde el inicio de la agresión rusa a gran escala, miles de niños ucranianos han sido arrancados de sus hogares, separados de sus familias y trasladados por la fuerza hacia territorio ruso o zonas temporalmente ocupadas. No son “evacuados”, como pretende la propaganda del agresor; son víctimas de un intento sistemático de borrar su identidad, su lengua y su amor por su patria.
Hasta la fecha, se registran alrededor de 20,000 denuncias de deportaciones ilegales y traslados forzosos de niños ucranianos, aunque las cifras reales podrían ser mucho más altas. Rusia no proporciona información sobre estos niños ni a Ucrania ni a las organizaciones internacionales, lo que dificulta su localización y la verificación de datos. Muchos de ellos sufren profundos traumas psicológicos.
La amistad entre los pueblos de Ucrania y Panamá acaba de escribir una página histórica. La reciente visita del ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, Andrii Sybiha, y la inauguración oficial de la Embajada en la Ciudad de Panamá marcan un avance significativo en las relaciones bilaterales. Pero hay una decisión que resuena con especial fuerza ética: la adhesión de la República de Panamá a la Coalición Internacional para el Retorno de los Niños Ucranianos.
Panamá, el “Puente del Mundo”, ha decidido ser un puente de esperanza para los más vulnerables. Al unirse a esta coalición, coliderada por Ucrania y Canadá, el gobierno del presidente José Raúl Mulino y el canciller Javier Martínez-Acha envían un mensaje claro: la defensa de los derechos humanos no reconoce fronteras y el robo de niños es un crimen que la conciencia global no puede tolerar. Ningún niño debería ser un trofeo de guerra. Su lugar no es un campo de reeducación en los confines de Rusia, sino el abrazo de su familia en Ucrania.
De conformidad con el informe publicado el 12 de marzo de 2026 por la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU sobre Ucrania, la deportación ilegal y el traslado forzoso de niños ucranianos por parte de las autoridades rusas, así como las desapariciones forzadas, constituyen crímenes de lesa humanidad. La deportación forzosa de menores es una violación flagrante del IV Convenio de Ginebra.
La coalición trabaja en frentes críticos que ahora cuentan con el respaldo panameño: rastrear el paradero de niños cuyos nombres y nacionalidades han sido alterados ilegalmente; coordinar con organizaciones humanitarias y familias ucranianas los mecanismos de búsqueda, identificación y reunificación; y preparar el soporte psicológico y social para quienes logran regresar tras haber sido sometidos a procesos de adoctrinamiento.
Ucrania no olvida a quienes se mantienen a su lado. En estos tiempos de oscuridad, la voz de Panamá en la región centroamericana es vital. No solo se ha firmado una Hoja de Ruta 2026-2029 para profundizar la cooperación bilateral, sino que se ha sellado un compromiso moral.
Agradecemos profundamente al pueblo panameño por no ser indiferente. Cada vez que un niño ucraniano vuelve a casa y escucha su idioma natal, triunfa la humanidad sobre la barbarie. El retorno de nuestros niños es una condición para una paz integral, justa y duradera. No nos detendremos hasta que cada niño esté donde pertenece: con su familia, en su patria, seguro y libre.
El autor es encargado de Negocios de Ucrania en la República de Panamá.


