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PROCESO ELECTORAL

Y usted, ¿por quién va a votar?

Y usted, ¿por quién va a votar?
Y usted, ¿por quién va a votar

Cada cinco años Panamá entra a una “vorágine política” que no siempre arroja los mejores resultados. Esta, por regla general, finaliza el primer domingo de mayo, un par de horas después del proceso por medio del cual se elige a quienes dirigirán los destinos del país por el siguiente quinquenio.

Este año, este suceso se redujo y si bien para algunos es un período demasiado corto, otros aplauden, cual finalización de ópera, las nuevas disposiciones establecidas en el Código Electoral, que redujo la “campaña electoral” a solo dos meses. En lo personal, es agradable no ver las ciudades empapeladas de afiches o vallas donde se promocionan todo tipo de candidatos.

Mucha de la basura tradicional se trasladó a las redes sociales, donde no importa lo que uno esté haciendo, le aparecerán algunas caras más feas e insípidas que macarrón frío y sin salsa. Pero prefiero eso a una ciudad con el mismo macarrón.

Lo que me preocupa mucho es el hecho de que, a pesar de que desde el año pasado varias personas venimos llamando la atención a que se debe promover el respeto y la tolerancia entre amigos y familiares, con respecto a la diferencia en la forma de pensar, pareciera que el llamado no ha calado en una gran parte de la ciudadanía, incluyendo en aquellos que son, supuestamente, muy educados y conocedores de la política criolla.

En ese sentido, vemos y escuchamos a primos y hermanos antagonizar sobre sus preferencias electorales, casi tan ácidamente como cuando los pueblos del interior se dividen en Calle Arriba y Calle Abajo durante los carnavales.

Por otro lado, están los jefes que le “sugieren” a sus subalternos por quién deben o no votar, porque estos subalternos “no tienen la capacidad de decidir atinadamente”.

Y mas allá están los grupos del popular WhatsApp, donde los amigos confrontan ideas, sentires y “potencial de votos” y donde todos se convierten en expertos políticos, analistas de la situación nacional y llegan a convencerse que son los que “de verdad” saben el “inside” de lo que se dice o hace dentro de cada cuartel de campaña.

Estas plataformas han servido igualmente para desprestigiar o burlarse de quienes no piensan políticamente como ellos, descartando la inteligencia y poder de decisión de todos los que no coinciden con su propia forma de pensar.

Me causa gracia que luego de los tan comentados “debates” políticos que se han organizado, todas las campañas se decretan ganadores y sus seguidores (o call centers) saltan a emitir su respaldo al “ganador” de la noche. En ocasiones, me intriga y hasta me preocupa, pues pareciera que algunos vieron un debate diferente al que yo vi, pues las opiniones y cómo interpretan algún comentario del candidato, dista radicalmente de lo que yo vi y entendí. Que conste, que trato de ser lo más imparcial y objetivo posible y no descalifico a nadie sin antes haberlo escuchado.

Todas estas acciones estarían bien, si prevaleciera el respeto y la tolerancia a la que hacía referencia, pero, desafortunadamente, no sucede así. Los insultos y descalificaciones por diferencias físicas, políticas e intelectuales reinan en algunas de estas redes y he podido percibir un nivel de anim adversión superior al que se percibía en otras contiendas electorales. Hasta vi en alguna transmisión de televisión contrincantes políticos que se liaron a empujones y hasta golpes por “defender” al candidato tal o cual.

No quiero pensar qué sucederá cuando estemos a una o dos semanas del día de las elecciones y temo mucho más que ante algún cuestionamiento o descalificación al ente que arbitra el proceso, haya desconocimiento de los resultados anunciados y terminemos como en países vecinos, con grupos violentos en las calles atentando contra sus rivales.

Más que destacar solo las deficiencias, demandemos escuchar propuestas concretas a los problemas que ya todos conocemos. No descalifiquemos a priori, exijamos conocer a los candidatos y sus compromisos. Si todavía queremos criticar, ¿por qué no hacerlo con respeto?

Me gustaría, una vez más, llamar a la cordura y a la sensatez de todos mis paisanos e invocar esos valores cívicos, éticos y morales que son los que deberían prevalecer.

Al final del camino electoral, habrá alguien que ocupará la silla presidencial y quien deberá liderar el país por cinco años. Tenemos que prepararnos para empujar una carreta, la cual requiere de todas las ruedas posibles. Y sobre todo ¡amemos a Panamá!

El autor es comunicador


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