Los jóvenes de hoy tienen una habilidad natural de adaptarse a los cambios tecnológicos más rápido que nunca. Ahora, gracias a la internet, ellos están más empoderados para realizar grandes cambios. De igual manera, muestran una gran disposición a comprometerse con causas nobles, con ideales y siempre andan expectantes a los retos que se les presentan cada día. El problema es que han sido marginados en muchas áreas de la sociedad y se les hace difícil incidir en las decisiones de un gobierno.
Aun así, ellos siguen demostrando sus capacidades para ser agentes de cambio. Es por esto que los gobiernos deben reflexionar sobre la importancia que tienen los jóvenes en el desarrollo sostenible de los Estados, y elaborar normas jurídicas que fomenten su participación. Los gobiernos deben aprovechar este momento para renovar la discusión sobre la juventud y pasar de estereotipos a datos objetivos y análisis profundo. En el ámbito político hay un fuerte movimiento orientado hacia la democratización desde la sociedad civil que tomaría aún más fuerza si obtuvieran la participación masiva de los jóvenes. En el ámbito económico, más jóvenes están siendo impactados por la pobreza.
Esto se debe a lo inaccesible que se ha convertido el mercado laboral para ellos. La desigualdad social es otro de los factores que también golpean a los jóvenes. Los jóvenes provenientes de estratos altos logran acceder a mejores niveles educativos, laborales, de salud y vivienda, que los jóvenes de estratos bajos. Estos últimos empiezan a trabajar desde temprana edad, tienen riesgos muy altos de salud, falta de oportunidades educativas, entre otros factores que dificultan su acceso al mercado laboral.
El entorno familiar también influye en el desarrollo integral de los jóvenes. La familia ejerce un gran peso en la afectividad, salud psíquica, equilibrio emocional, madurez, inteligencia emocional, capacidad de aprendizaje y otras áreas clave de los jóvenes. Es necesario crear una entidad gubernamental encargada de velar por los jóvenes, y esto es lo que se pretende con el proyecto de ley 66 del 26 de agosto de 2014, que establece la Ley de la Juventud, que permanece congelado en primer debate. Este proyecto busca crear el Instituto Nacional de la Juventud, para garantizar que los jóvenes sean partícipes en el proceso de desarrollo sostenible de la Nación. Considero este proyecto muy valioso para la juventud panameña, y creo conveniente que la Asamblea Nacional retome su discusión lo antes posible para que se convierta en ley de la República. Es hora de empoderar a los jóvenes para que puedan contribuir efectivamente al desarrollo de la sociedad.
El autor es ciudadano