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Vamos o no vamos

Juan Diego Vásquez ha cometido un error político e institucional al no postularse para diputado. El país necesita a gritos de su voz y de su presencia en la asamblea nacional.

No solo eso. De haberse candidatizado, esa papeleta independiente del movimiento “Vamos” en San Miguelito hubiera jalado por lo menos, tres diputados. No tenerlo, obtendrán si acaso, uno. No discuto el elemento ético de haber prometido no reelegirse, si ganaba en 2019, y cumplirlo. Pero la patria es más que eso, es decir, más que una promesa que no constituye una declaración jurada que ampara el delito de falso testimonio. Y allí estaría centrado su error, al decir que si ganaba no se reelegiría; y afirmarlo antes de conocerse hace 5 años, la infortunada realidad institucional de un Panamá que hoy se desvanece entre la corrupción, la narcopolítica, la impunidad y el endeudamiento desmedido.

Esta elección de 2024 es transcendental para la patria, y la necesidad de un Juan Diego Vásquez en el parlamento era inminente. Sobre todo, porque no es lo mismo hacer el trabajo desde adentro denunciando, delatando, revelando, criticando, en fin, al mismo tiempo y desde el mismo espacio en el que obtienes la información; que estar afuera, esperando que un medio te llame o te facilite un micrófono para que entonces, ya no de primera mano sino de lo que supones desde la esfera civil, puedas tener ese mismo impacto en la gente. Por supuesto que el ámbito ciudadano es positivo y necesario, porque la población es uno de los atributos del Estado, junto con el gobierno, el territorio y la soberanía. Pero el choque tiende a debilitarse en el terreno electoral si pretendes mantener vigencia política; sobre todo cuando se trata del individuo que hoy, si tuviera 35 años de edad, para muchos no se lo ganaría nadie como candidato a presidente. Me temo, aunque puedo equivocarme, que va a perder vigencia político - electoral. No porque no sea necesario ejercer el poder ciudadano; sino que, en el caso de él, por tener precisamente aspiraciones políticas, su figura preponderante en la cosa pública se debilita desde el terreno ciudadano.

Por eso considero que se equivocó y me hago la pregunta: ¿Fue mal asesorado o está pensando en sí mismo? Creo que hay algo de ambas posibilidades, sobre todo cuando parece no ocultar su ego frente a una semblanza que, a esa corta edad, le ha pasado por encima a todos los demás a quienes se ha enfrentado a la hora de opinar, argumentar o debatir los problemas nacionales. Juan Diego Vásquez tiene el derecho de actuar como mejor le parezca. Pero creo que en esta erró, sobre todo, al frenarle las aspiraciones y posibilidades a algunos de los candidatos que, además de “Vamos” (ente inexistente jurídicamente), pretendían correr en otras papeletas de concepción independiente y no solo eso. Con esta actitud evitó una real unificación electoral de los movimientos independientes, sobre todo en los circuitos uninominales; frente a la desventaja en los plurinominales por la prohibición legal de concretarse alianzas entre la libre postulación, con partidos políticos de similar intención, pensamiento y criterio independiente.

Pero soy optimista y espero, que, en los inicios del 2024, se conjuguen la mayor cantidad de fuerzas, a pesar del aparente fraccionamiento independiente desde el terreno electoral. Pero eso lo sabremos cuando se vaya publicando el mapa político, que nos permita conocer a quienes podemos escoger. Y el consejo que le daría a esta celebridad, aunque parezca tardío, es que la construcción de un proyecto político no se genera alrededor del egocentrismo. Se desarrolla alrededor de la unificación, la solidaridad y la asociación de ideas, de metas y de ilusiones a favor del bien común. Y que conste que entiendo perfectamente el mensaje que dio hace un tiempo, cuando dijo que no se trata de pensar en las elecciones venideras sino en las próximas generaciones.

Y él lo que pretende transmitir con esta decisión, es que los ciudadanos comencemos a creer en los políticos, más aún, en que sus promesas no serán violadas; lo que fortalecería su credibilidad al cumplir la palabra empeñada.

El problema de Juan Diego Vásquez es que no se ha percatado, que no podemos aguantar hasta el 2034, cuando pueda correr para presidente. El país se nos derrite delante de nuestros ojos, y no podemos esperar generaciones para actuar, el momento era o es ya. Y si la fortaleza de su autoridad moral le impidió buscar la reelección, eso no implicaba que sus seguidores no pudiesen encontrar posibilidades en otras papeletas adicionales a la independiente de “Vamos”, de similares trayectos o vías para rescatar a la patria herida y decadente. La unión hace la fuerza y hacia un mismo camino debimos o debemos dirigirnos, a pesar del obstáculo real que representa ahora el cierre final del periodo de postulaciones.

El autor es abogado.


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