Según el prestigioso diario Washington Post, desde que sorpresivamente tomó la presidencia en 2016, Donald Trump, ya en julio del presente año, había dicho más de 20 mil mentiras.
Esta cifra, claro está, es mayor, ahora que estamos en octubre, y seguirá incrementando a medida que se acercan las elecciones de ese país en noviembre 3, 2020. Y existen personas que lo adoran, a pesar de ser un mentiroso. Y la mentira es solo parte de la patología de este individuo.
Dicen que todas las elecciones son importantes y decisivas, y eso es normal. Pero las elecciones estadounidenses de este año realmente son sumamente críticas.
Las mismas no son simplemente entre dos candidatos, el demócrata Joe Biden y el “republicano” (por conveniencia) Trump. Tristemente, la verdad es que estas elecciones son entre el bien y el mal.
Muchos se concentran en las características de los dos personajes de la contienda. Pero, a decir verdad, puede ser un pedazo de masilla el que esté corriendo por los demócratas contra Trump, no importa, votamos por el pedazo de masilla, con tal que el sicópata se vaya.
He tratado de escribir antes sobre los crímenes diarios de Trump contra la democracia y la humanidad. Pero tratar de emprender esa faena es casi imposible, pues el nivel de saturación de tonterías y maldad que salen de la Casa Blanca diariamente es abrumador. Sinceramente, es como que un cojo estuviera corriendo contra Usain Bolt. O lo comparo con la película Apocalypse Now, donde el narrador dice que “la mier... se acumulaba tan rápido en Vietnam, que necesitabas alas para estar encima de ella”. Y eso es, precisamente, lo que está pasando en Washington.
Así, pues, que los Estados Unidos de América está ante una encrucijada, que no solo afectará el futuro de la nación, sino también el mundo entero.
La verdad es que Trump nunca quiso ser presidente por el amor de servir al pueblo. Lo que él quería en 2016 era una necedad de niño malcriado rico: comprar una presidencia. Así lo hizo, y, al tenerla, no supo qué hacer con ella. Por eso se rodeó de personal inepto, pocos de los cuales permanecen estos días, y ha deteriorado la oficina de la presidencia a niveles obscenos.
Curiosamente, ahora no la quiere dejar, y nuevamente no es por amor a sus conciudadanos. Trump sabe que al dejar la Casa Blanca pierde la impunidad, y tiene la posibilidad de ir para la chirola, específicamente Rikers Island.
La Corte del distrito sur de Nueva York le tiene ganas y lo está esperando, aunque algunos expertos dicen que ningún presidente jamás irá a la cárcel. El presidente sabe que tiene un sinnúmero de cargos, incluyendo acoso y ataque sexual, fraude, incumplimiento de contratos laborales, manipulaciones financieras, violaciones a varias leyes federales en cumplimiento de su deber, y tantas otras.
Por supuesto, también está su descarada y ya conocida falta de pagar impuestos. Y esto es curioso, porque es bien sabido que Alphonse Capone, el criminal más famoso de la historia de Estados Unidos de América, fue convicto en 1931 a once años de cárcel y otros castigos por evasión de impuestos.
Por eso, en por lo menos dos ocasiones, Trump ha dicho en discursos a sus seguidores, en plena campaña electoral, que si pierde, a lo mejor se va de Estados Unidos de América. Y no está mintiendo. Está diciendo la verdad, haciéndole pensar a sus seguidores que es una “víctima”. Pero de que se va, se va.
Mi apuesta es que su destino final será Rusia, donde no lo extraditará su “pasiero” Vladimir Putin. Es más, asumiendo que Biden ganara la presidencia, su primera acción debería ser decomisar los pasaportes de toda la familIa Trump. Si creen que exagero, como evidencia presento los casos recientes de presidentes panameños y peruanos que optaron por salir involuntariamente de sus países a la hora de la verdad.
Todo esto nos lleva a la triste realidad de noviembre 3, 2020. Panamá celebrará alegremente su independencia, en medio de tanta corrupción e impunidad, y Estados Unidos de América, igualmente con tanta corrupción e impunidad, celebrará la votación más crítica de su historia.
Donald Trump, por razones expuestas, no puede perder, y ha hecho todo lo posible para ganar con trampa. Quizás lo peor es alentar a sus partidarios a la violencia, en caso de perder. Tómense un momento para pensar sobre eso: el presidente de Estados Unidos de América, instando a sus partidarios a la guerra si no gana las elecciones, en 2020, cuando deberíamos, como especie humana, ser mejores y preparándoles a nuestros hijos un mundo más saludable. Y esto va a ser racial.
En 2016, en este diario, escribí −con respecto a los que votaron por Trump− que “toda persona decente y con algo de moral escuchó, leyó o vio los planteamientos racistas, xenófobos e ignorantes expresados por Trump”, argumentando que “al menos que uno fuera ciego-sordomudo o un total imbécil, no había razón para votar por un individuo cuyo discurso de candidato rompió todos los récords de mal gusto”.
Bueno, ahora, en 2020, los únicos que van a votar por Trump, después de tanta evidencia de incompetencia y maldad, son los racistas. Entonces ellos dirán: “¿Yo, racista... cómo te atreves?” A lo que yo, con gusto, les respondo: “Me atrevo, porque eres culpable por asociación. Aunque no te guste. Tú eres parte de esta estupidez colectiva, y todos estamos pagando por tu irresponsabilidad”.
Así que dos son las opciones para los Estados Unidos de América en noviembre 3. La primera, es que Donald Trump sea re-elegido. Allí se abre la caja de Pandora completamente. Trump tendrá poder absoluto, pues, luego de haber sobrevivido los procedimientos de destitución (gracias a la sinvergüenzura de los senadores republicanos), y ganado otros cuatro años por voto electoral (otra sinvergüenzura), Trump se sentirá invencible e imparable. Entonces, como decía Tristán Solarte, " que nos Dios nos coja a todos confesados".
Si gana Biden, no espero mucho tampoco. Pero por lo menos la decencia y algo de moral volverán a la Casa Blanca. Biden va a pasar esos cuatro años limpiando la mugre que dejó su antecesor. Para eso, debe asegurarse de darle al Departamento de Justicia todos los implementos para que puedan meter presos a unos cuantos truhanes de la presente administración.
Pero Biden, por algún motivo, me recuerda a Francisco Madero, presidente de México desde 1911 a 1913. Madero fue el elegido por el pueblo para reemplazar al dictador Porfirio Díaz. Pero las aguas no fueron tranquilas para el joven presidente, pues habían fuerzas que querían derrocarlo. De hecho, su hermano Gustavo apresó al militar Victoriano Huerta “El Chacal”, y le advirtió a Francisco que el Chacal estaba envuelto en un movimiento para derrocarlo. Francisco ignoró la advertencia y no solo perdonó a Huerta, sino que también lo promovió en el ejército. Por su parte, Huerta no perdonó, y en lo que es llamada la “decena trágica”, capturó a Francisco Madero, a Pino Suárez −su vicepresidente− y al mismo Gustavo. Todos fueron posteriormente asesinados por Huerta, quien se declaró presidente.
Por eso cuando pienso en Biden, pienso en Madero. Lo digo porque se dice que Madero era buena persona, al igual que Biden, con niveles de moralidad altos. Y, si Biden entra a la Casa Blanca con una actitud de “perdonar y olvidar”, nombrando republicanos en su gabinete, se lo van a comer vivo. Los republicanos, al contrario de los demócratas, no perdonan, y, asumiendo que retienen muchos de sus puestos en el congreso y senado, le harán la vida miserable. Sus “amigos” senadores republicanos de seguro le clavarán el puñal en la espalda. Uno de los primeros dichos que uno aprende en los Estados Unidos de América es el que dice que “los demócratas son filosóficamente débiles y los republicanos son moralmente corruptos”. Eso es totalmente cierto.
Mientras todo lo anterior sucede, en Estados Unidos de América seguiremos contando mentiras, contagiados y fallecidos por el Covid 19, y violencia por supremacistas blancos. Pero es mi esperanza de que, si sobrevivimos la tripleta que viene −Covid 19, trancazo y violencia electoral−, y si Trump pierde, es posible que una vez más podamos a vivir sin miedo, con una democracia sana y estable, y por un mundo con muchas buenas posibilidades.
