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Venezuela: señales para la inversión extranjera

Los recientes acontecimientos en Venezuela han abierto un escenario económico distinto al que ha predominado durante las dos últimas décadas. Más allá de las interpretaciones políticas, el cambio más relevante para el sector privado internacional podría ser la posibilidad de un nuevo marco de garantías para la inversión extranjera, con Estados Unidos actuando como respaldo y eventual supervisor de dichas inversiones.

Durante años, Venezuela fue considerada una economía de alto riesgo. A pesar de contar con vastos recursos naturales —en especial energéticos—, la falta de inversión, el deterioro de la infraestructura, la inseguridad jurídica y la volatilidad normativa alejaron a empresas y capitales. La consecuencia fue una fuerte contracción de la producción, pérdida de competitividad y un aislamiento progresivo de los mercados internacionales.

El nuevo contexto introduce un elemento que tradicionalmente ha sido determinante para los inversionistas: la reducción del riesgo percibido, ya que la participación de Estados Unidos como garante de las inversiones supone, al menos en teoría, un mayor nivel de protección contractual, operativa y financiera. Para muchas empresas, especialmente aquellas con operaciones intensivas en capital, este tipo de respaldo puede marcar la diferencia entre entrar a un mercado o mantenerse al margen.

Desde el punto de vista económico, Venezuela presenta oportunidades significativas. El sector energético es el ejemplo más evidente. La recuperación de la producción petrolera requiere inversiones multimillonarias en exploración, mantenimiento, tecnología y logística; con un entorno más predecible y reglas más claras, el país podría convertirse nuevamente en un destino atractivo para empresas que buscan activos subvalorados con alto potencial de retorno a mediano y largo plazo.

Sin embargo, el atractivo no se limita al petróleo. Sectores como minería, agroindustria, telecomunicaciones, infraestructura y turismo también ofrecen amplios márgenes de crecimiento. La combinación de recursos naturales, ubicación geográfica estratégica y una demanda interna insatisfecha crea condiciones favorables para proyectos productivos, siempre que existan garantías mínimas de estabilidad y respeto a los derechos de propiedad.

La figura de un garante externo introduce, además, un efecto indirecto importante: facilita el acceso al financiamiento internacional. Bancos, aseguradoras y fondos de inversión tienden a reducir sus primas de riesgo cuando existe una supervisión o respaldo institucional con credibilidad. Esto puede traducirse en menores costos de capital, plazos más largos y mayor disponibilidad de recursos para proyectos en el país.

No obstante, el potencial económico no elimina los desafíos. La confianza empresarial no se construye únicamente con anuncios o garantías externas. Los inversionistas observan con atención la consistencia de las reglas, la transparencia de los procesos, la capacidad de ejecución y la previsibilidad del entorno regulatorio. Cualquier señal de improvisación o cambios abruptos puede frenar el flujo de capital tan rápido como se activa.

Asimismo, la sostenibilidad de la inversión dependerá de que los beneficios se traduzcan en mejoras reales de productividad, empleo e infraestructura. La inversión extranjera no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para reactivar la economía, modernizar sectores clave y reintegrar al país a las cadenas de valor globales.

En este escenario, Venezuela se encuentra ante una oportunidad poco común. El respaldo de una potencia económica como Estados Unidos puede actuar como catalizador inicial, pero el éxito dependerá de la capacidad de construir un entorno de negocios funcional, eficiente y confiable. Si se avanza en esa dirección, el país podría dejar atrás años de estancamiento y comenzar una etapa de recuperación basada en inversión productiva y crecimiento sostenible.

Panamá, con sus regímenes especiales —principalmente la Zona Libre de Colón—, puede jugar un rol relevante en la recuperación económica de Venezuela. Los inversionistas que decidan apostar por ese mercado pueden estructurar sus operaciones incorporando a Panamá como operador logístico y financiero, aprovechando su plataforma bancaria y comercial. Aquí puede generarse un escenario de ganar–ganar, en la medida en que se decida invertir en Venezuela de la mano de la potencia norteamericana.

La coyuntura actual no garantiza resultados, pero abre una ventana. Aprovecharla o dejarla pasar será, desde una perspectiva económica, una de las decisiones más relevantes para el futuro de Venezuela y de aquellos países que decidan subirse al barco.

El autor es socio líder de Deloitte Panamá.


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