Las luchas llevadas a cabo por los movimientos sociales, populares, campesinos y de pueblos indígenas, durante las últimas semanas, es una lucha por una vida digna. Las reivindicaciones puestas sobre la mesa única de diálogo son legítimas y beneficiarán a las grandes mayorías en Panamá.Las reivindicaciones acotadas en los ocho puntos que forman parte de la agenda de discusión, es de mínimos y de carácter reformista. Aun así, los grupos de poder económicos están alarmados, incluso llegaron a decir que estos movimientos tienen de rodillas al Gobierno. Si bien los logros y consensos de la mesa son por la presión social, estamos muy lejos, al menos por el momento, de una revolución social o algo por el estilo.
De lo que sí tenemos certeza, de ahora en adelante, es que sí es posible sentar en una misma mesa al Gobierno y negociar cara a cara. A pesar de que el Gobierno ha reaccionado en contra, cediendo más por la presión que por voluntad, diciendo: no es posible, no hay presupuesto, etc, cuando según datos oficiales, hay miles de millones de dólares en evasión fiscal. Allí están nuestros recursos, los cuales podrían adecentar las condiciones sociales del país.
Lo que está pasando hoy no es sorpresa; es la crónica de una crisis anunciada. Ya está agónico el modelo económico y el sistema político. Lo expresan voces autorizadas disímiles, como el economista Guillermo Chapman, quien señala la necesidad de cambios al modelo político económico, o el sociólogo Olmedo Beluche, quien plantea un “proyecto político alternativo popular”, y datos como los del Barómetro de las Américas y del Centro de Investigaciones Sociales, que señalan la poca tolerancia al sistema político y, según la última encuesta del CIEPS, la corrupción es el principal problema, con un 63 %.
Más allá de los consensos de la mesa única de diálogo, tenemos que plantearnos, como país, un proyecto en común por una vida digna, por y para el bien de todos. Las alarmantes desigualdades, la poca masa salarial y el alto costo de la vida, desmejoran sistemáticamente la calidad de vida de todos y más aún de quienes menos tienen. Además, de otros temas que incluso quedaron en el tintero en la mesa, como la cuestión del cuidado en general y de la naturaleza, fundamentales para la afirmación de nuestras vidas en comunidad.
El autor es doctor en filosofía.
