Cuentan que a mediados del siglo diecinueve, la uva conocida como Malbec desapareció de los viñedos franceses de donde provenía, debido a una plaga llamada filoxera. De mediados a finales del siglo veinte, la extinta uva reaparece en Argentina, donde un enólogo llamado Pouget la había introducido antes de su extinción en Francia. En 2023, Malbec es una de las variedades de vinos argentinos más cultivadas y premiadas en el mundo.
En la década de 1960 se introdujo el cultivo del café Geisha en Boquete. La variedad tenía sus orígenes en Etiopía. Al llegar a Boquete se encontró con un letal hongo que reducía su productividad y pronto pasó al olvido. Hace aproximadamente un cuarto de siglo resurgió, y, en 2022, cuentan que una bolsa de siete libras de café Geisha de Boquete se vendió en una subasta por 42 mil dólares.
Regiones vinícolas como Mendoza en Argentina, Napa y Sonoma en California, el Valle del Maipo en Chile, Burdeos en Francia y Hunter Valley en Australia, se han convertido en poderosos imanes para el turismo en esos países. El consumo de vino, enlazado con la belleza del paisaje atraen a millones de visitantes anualmente a esos lugares. Por eso me pregunto: ¿Qué nos hace falta para que despegue el turismo cafetero en nuestro país?
Hace un par de semanas pasé unos días en Boquete junto a mi esposa. Nos hospedamos en un bello hostal en medio de un micro cafetal privado mirando al volcán Barú. Visitamos dos centros de producción de café en grano verde y de apreciación del café, uno de los cuales se encontraba en medio de un cafetal en plena producción. Allí nos explicaron sobre las distintas variedades de café arábiga y los métodos de secado utilizados. Pudimos apreciar el trabajo que conlleva llevar la roja “cereza” de café a la taza que tomamos cada mañana. Quedamos verdaderamente impresionados.
Creo que lo importante es buscar un balance que permita mejorar la productividad y al mismo tiempo atraiga a más turistas. Lo primero es mejorar el acceso. Llegar a los cafetales desde la ciudad de Panamá es un verdadero reto logístico y financiero. El costo del transporte aéreo a la ciudad de David es bastante elevado si comparamos la distancia recorrida. Luego hay que añadir el costo del transporte terrestre a Tierras Altas (rezando para que no haya bloqueos de ruta) y por supuesto, el hospedaje.
Al llegar a Boquete encontramos un pueblo pintoresco con calles y comercios en transición. La Avenida Central está repleta de comercios con letreros en inglés, dirigidos a la gran comunidad de expatriados anglófonos que allí habitan. La calle paralela tiene letreros en español y allí comercian los habitantes locales y los trabajadores de los cafetales.
La obsesión con el café Geisha nos llevó de un local famoso en la Avenida Central donde la taza de ese café costaba algo más de siete dólares. Al ver el precio decidimos buscar el mismo café en un local más artesanal ubicado en la menos transitada calle paralela. Para nuestra sorpresa, la taza allí costaba diez dólares. Entiendo algo de oferta y demanda, pero quedo perplejo al pensar que, en la ciudad capital, una taza de café es más barata que en el lugar donde se produce y empaca el mismo café.
Al final de nuestra visita, quedamos muy contentos con la amabilidad y hospitalidad de los boqueteños. Realizamos el inmenso potencial que tiene esa región del país para convertir la cultura del café en algo parecido a lo que es la cultura del vino al norte y al sur de los trópicos. Igual que hay subregiones vinícolas tenemos subregiones cafetaleras, como por ejemplo Alto Lino y Jaramillo en la región de Boquete y Río Sereno en la región de Volcán. ¿Será que hay más tomadores de café que tomadores de vino? ¿Será que quien toma café lo toma antes de tomar su primera copa de vino?
El autor es abuelo y educador