Por segundo mes consecutivo Caracas ha roto los registros de homicidios. Durante el mes de julio, según informaciones extraoficiales, a la sede principal de la Medicatura Forense de Caracas llegaron 535 cadáveres por muertes violentas, a razón de 17 muertes al día, 8 de cada 10 correspondieron a homicidios.
Las estadísticas convierten a julio en el mes más violento en la zona metropolitana durante los últimos dos años, una distinción que ya había logrado junio. Solo durante el último fin de semana del mes de julio, llegaron a la morgue caraqueña 43 cadáveres. En junio, los ingresos sumaron 500 cuerpos.
Con estas cifras Caracas se confirma como la ciudad más violenta del planeta, tras superar, en 2015, a San Pedro Sula, según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública, una oenegé con sede en México. La capital venezolana sufre al año 119 homicidios por cada 100 mil habitantes, frente a 111 de la ciudad hondureña, que ha encabezado tan sangriento ranking durante los últimos cuatro años. Sin embargo, son cifras no oficiales, ya que Venezuela dejó de publicarlas en 2013.
La información trascendió gracias a los datos de dos reporteros de la fuente policial, Román Camacho y Darvinson Rojas, que los dieron a conocer a través de sus cuentas en Twitter.
Desde 2005, el Gobierno venezolano prohibió difundir las cifras de criminalidad en el país, que hasta entonces se hacían públicas mediante un boletín semanal de la Policía Judicial. La medida intentaba cerrar el suministro de información para los medios y evitar, así, que estos la “manipularan” para perjudicar al régimen chavista.
La inseguridad ha sido por muchos años uno de los principales temas de preocupación en Venezuela, junto a Honduras y El Salvador, los países que desde hace años encabezan los rankings internacionales de la violencia. El propio presidente Hugo Chávez llegó a atribuir la prominencia del asunto en los estudios de opinión a lo que llamó una “sensación de inseguridad” alimentada por la prensa con propósitos políticos.
En una entrevista concedida, en 2013, al diario El Nacional de Caracas, el entonces ministro del Interior y Justicia y hoy disidente del chavismo, general Miguel Rodríguez Torres, admitió la existencia de ese apagón informativo oficial, que, según sus declaraciones, propuso cambiar. “Le dije [al presidente Maduro] que en algún momento hay que empezar a dar cifras”.
A partir de ese año, los periodistas se han visto obligados a informar sobre los crímenes y estadísticas de la delincuencia a partir de filtraciones de sus fuentes, conversaciones con deudos de los fallecidos o del simple conteo de ingresos a las puertas de la morgue principal de Caracas, un viejo edificio en la urbanización Colinas de Bello Monte del sureste de la ciudad.
