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Viruela y covid-19

El presidente de la Academia de Ciencias de Polonia, Jerzy Duszyski, hace eco del temor de otros pensadores que ven en el autoritarismo globalizado el mayor riesgo para la democracia.

El autoritarismo es una tentación con resultados empobrecedores; uno de ellos, la politización de la ciencia o el envenenamiento de la ciencia por políticos detestables y mentirosos.

Esto lo hemos visto durante la pandemia y ha sido el gran tropiezo para que la práctica de la medicina siga siendo una humanista y científica, con acceso para todos los que necesiten de sus logros. Durante la pandemia de la covid-19, uno de los hechos que han propiciado que se dificulte la contención de ella es precisamente la politización y el autoritarismo ejercido desde las mentiras, asiento de las campañas antivacunas. Ahora, esto no es nuevo, sino que se ha renovado para ser más cruenta y más salvaje la herida a la verdad. Los muertos lo reclaman mientras el ruido y escándalo de aquellos grupos no permiten la certidumbre.

En el siglo XIX, el mundo sufría los embates de la viruela con alta mortalidad entre adultos y niños. En Inglaterra, se crearon brigadas para vigilar que se cumpliera con el Acta de Vacunación Compulsiva en la década de 1850, cuando también se iniciaba la profesionalización de la medicina. La oposición fue feroz entre los practicantes de medicina más heterodoxos y muchos padres, que se organizaron en la resistencia a tal proyecto de mandato, hasta que, en 1867, el Acta pasó a ser ley.

Sin embargo, la ineficacia del proceso de vacunación debido a la divulgación contra ella, fue llevando a la toma de medidas más severas contra quienes faltaban a la ordenanza.

Las cifras devastadoras en las poblaciones mundiales por la viruela no se conocen con certeza. Londres documentaba semana a semana los casos por cerca de 300 años y Krylova y Earn han logrado conocer las cifras de mortalidad por viruela, entre 1664 a 1930: más de 320,000 muertes registradas solo en Londres. La plaga y el cólera han sido sus rivales en mortalidad. En 1977, hace 45 años, la viruela fue erradicada mediante diversas intervenciones de control, la variolación y la disponibilidad de una vacuna eficaz y segura, y cambios climáticos.

La historia cambió y quienes no fuimos testigos de aquellos estragos ni siquiera conocemos que hay una vacuna contra la viruela lista para usarse en caso de rebrotes o de una guerra biológica. Estos aspectos históricos y biológicos son la base del manejo inicial de epidemias o pandemias, y la forma como se puede predecir transiciones en la dinámica de las enfermedades en los niños, incluyendo la pandemia de la covid-19, algo que muchos desconocíamos y aún otros se aferran a desconocer sin temerle a la voluntaria opción por la ignorancia.

La viruela es una enfermedad altamente infecciosa y mortal, que se denominó “smallpox” precisamente en Inglaterra en el siglo XV, para distinguirla de una con granos más grandes, “great pox”, la sífilis.

Dos formas de virus de la viruela, variola, se distinguen porque se comportan diferente en cuando a su virulencia y mortalidad. La Variola major era la única forma conocida entonces, con una proporción de casos fatales de 5% a 25%, y la Variola minor, con una mortalidad inferior de alrededor del 1% o menos, y que fue reconocida por primera vez en 1904, como nos recuerda Donald R. Hopkins. Los brotes de viruela se daban con cambios demográficos, guerras y otras condiciones ambientales.

Volviendo al Acta de Vacunación Compulsiva en Londres, toda clase de oposición fue surgiendo y con argumentos que calificaban las sanciones del Estado como producidas por “la tiranía de doctores”. Por ejemplo, puntualmente en relación con las mujeres y los niños, se oponían férrea y agresivamente a que se notificaran las enfermedades contagiosas para detectar individuos que debieran ser internados en hospitales para su tratamiento, a la inspección de prostitutas por enfermedades venéreas, quienes de estar infectadas serían hospitalizadas para ser aisladas y tratadas prontamente, a la inspección higiénica de los mercados de víveres y carnes para cerrar locales inseguros y fuentes de enfermedad, y, como he mencionado antes, a la vacunación contra la viruela. El argumento de clases se utilizaba como hoy, divulgando que estas medidas no eran más que “una legislación de clases, dirigida afectar a los pobres y a la clase trabajadora”, o el otro más absurdo: “exponer a la gente a tratamientos inhumanos e invasivos”, irrespetando sus “vulnerables cuerpos” y derechos.

La vacunación contra la viruela para los grupos antivacunas era un serio riesgo de contaminación, violación y mutilación del cuerpo humano, y nunca aceptaron estos movimientos anticiencia del siglo XIX, que el enfermo fuera un riesgo de contagio y enfermedad para el resto del grupo social en una comunidad. No tenía otro objetivo, según sus oponentes, que “controlar cuerpos peligrosos, particularmente la clase obrera, en nombre de la salud pública”. Regular y disciplinar los cuerpos suena como las técnicas de opresión y dominio de Lenin y el Gulag, las de Stalin durante la colectivización y la “hambruna roja” para doblegar a Ucrania y del Putin que quiere cerrar ese círculo diezmando la voluntad de un pueblo que quiere libertad y autonomía, de la China de Jinping contra la etnia de musulmanes, las campañas de terror de Irán con ejecuciones sumarias y asesinatos por parte del Gobierno de Teherán. En nuestro continente, recuerda los paredones del Ché Guevara en la Cuba de los Castros, Ortega amparado por la noche contra la Iglesia católica en Nicaragua y privando de libertad a todo opositor de su dictadura. Cárceles que se parecen a las de la Venezuela de Maduro y sus militares, donde la dignidad humana es burlada.

Las semejanzas contra arengas y reclamos del presente solo han variado en la capacidad actual de “inyectarnos chips y dominar el espacio íntimo y privado con la tecnología 5G y dañarnos nuestro material genético”. Los llamados a revivir Nuremberg, solo hermosos en las mentes enfermizas de narcisistas y megalómanos, son una afrenta a la historia, a la justicia y a la verdad, que nunca importó ni importa a los grupos anticiencia que lo celebran. Les dejo la oportunidad de hacer cada uno, un paralelo de la historia de la vacunación contra la viruela y la vacunación contra la covid-19.

El autor es médico pediatra y neonatólogo


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