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Vivir de la compasión

Vivir de la compasión

El problema de la pobreza en Panamá solo se invoca para tiempos de campaña política. Todos los candidatos a distintos puestos de elección popular de pronto se les ilumina el foco y descubren la fórmula mágica para erradicar la mendicidad, las drogas y la presencia de habitantes de calle. Solo un par de meses después de haber culminado las elecciones generales de 2024, un grupo de diputados junto a algunos medios televisivos se apersonó a los sitios más críticos donde existen comunidades de habitantes de calle y prometieron una solución rápida y digna, pero lo cierto es que, al cabo de un par de años, el problema de las drogas y la mendicidad en las calles de la ciudad, sobre todo, no solo se ha mantenido, sino que ha ido en aumento. Ya en la ciudad de Panamá nadie se sonroja al observar gente durmiendo debajo de los puentes y las aceras. Tampoco hay sorpresa cuando se observan familias enteras pidiendo limosna en las calles.

La indolencia de los gobiernos de turno y los municipales, que solo ven la política como una forma de incrementar sus fortunas personales, ha contribuido enormemente a que el problema de los habitantes de calle sea cada vez más grande. Increíble observar los salarios astronómicos de funcionarios y asesores en la Alcaldía del distrito capital frente a la muchedumbre de jóvenes desempleados y personas que no encuentran un lugar digno donde pasar la noche.

Solo cuando tenemos “visitas” o eventos internacionales se acuerdan de que hay un ejército de mendigos en las calles, a los cuales hay que maquillar o trasladar a algún albergue, y aparentar que somos un país casi de primer mundo donde pululan los edificios inteligentes y las grandes mansiones.

Para nada se justifica que existan funcionarios cobrando jugosa jubilación y altos salarios mientras hay miles de profesionales desempleados y personas viviendo en las calles.

En la ciudad de David (Chiriquí) se pueden encontrar niños indígenas pidiendo qué comer fuera de los restaurantes y fondas, mientras sus padres aguardan cerca de allí para repartir lo conseguido en el día. Es un espectáculo dantesco y lo irónico es que una universidad de esa provincia sea el foco de escándalos de nepotismo y súper salarios injustificados, que incluyen a su propia Rectora.

Con la pobreza se hace espectáculo únicamente para beneficiar a alguien que desea lavar su imagen o persigue fines políticos, pero nada más. Cero voluntad por erradicar de una vez por todas este flagelo que consume a miles de panameños(as) en todo el país.

Encima de que no llegó el “chen chen” tan cacareado, los gobiernos municipales se dan a la tarea de perseguir el empleo informal, agudizando aún más la situación de pobreza.

Panamá está viviendo uno de los momentos más críticos en tema de desempleo y crisis económica. Solo basta mirar la cantidad de empresas que abren y cierran unos meses después. Las fondas y restaurantes están prácticamente vacíos. Fuera de los días de quincena, las personas solo van a mirar a los almacenes. El clima de angustia es asfixiante, acompañado de la ola de inseguridad donde el panameño ya no se arriesga a salir a ciertas horas de la noche.

La compasión y la empatía son especies en extinción, dando paso al “poco me importa” y a la caridad como una manera de apaciguar un poco las necesidades, perdiendo todo tipo de vergüenza.

El autor es sociólogo y docente.


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