Ya está aquí el 2024 y se parece mucho, por ahora, al 2023. Y aunque la tradición nos anima a decirnos “borrón y cuenta nueva”, debemos preguntarnos qué vamos a contar exactamente. El Diccionario Etimológico de Corominas dice que “contar” y “contar” tienen el mismo origen etimológico y son igual de antiguas ambas acepciones. “Contar” números, “contar” hechos. Contar y contar son dos actividades que seguiremos haciendo en este tan esperado como incierto año nuevo.
No dejen de contar las veces que seguirán gastando el dinero público hasta el último día de gobierno, y no dejemos de contar a los que vendrán después de nosotros que el peor gobierno panameño se dio de 2019-2024. “Esto no es cuento, esto es así (¡claro que sí), y no es mentira pues yo lo viví”, nos dice la banda sonora de esta realidad, cantada por Rigo “El Negro”, por allá por los ochenta.
Contaremos los días que quedan para que, otra vez, nos enfrentemos a las “elecciones más importantes de la historia” (así como cada pelea de Durán, era “la pelea del siglo”), pero esta vez es verdad, y nos contará el elegido por “el Pueblo”, que por fin habrá llegado el cambio (¿cuántos discursos de esos van?, ¡puro cuento!). Contando y contando se nos irá la vida hasta el 5 de mayo de 2024.
Que nos cuenten cuánto tardarán en cerrar la mina, y preparémonos para escuchar el cuento de los que de ella salieron y no les dan respuestas laborales, y atentos al cuento de terror medioambiental que ya va asomando (hay más desastres, pero no los cuentan), y exijamos también que nos cuenten cómo van a desmontar el sistema clientelista y cuánto costará. Contar y contar: cuenta y cuento, prepárense.
El cuento de los buenos augurios no cuenta: que nos cuenten la verdad. Superada “mina” como palabra del año pasado, propongo para este “transparencia”, aunque con solo mentarla en nuestro contexto, suena a puro cuento.
El autor es escritor
