Es frecuente escuchar en diferentes niveles de nuestra población frases como: “¿Para qué votar? Todos son iguales, todos roban”, “Vote o no vote, debo seguir trabajando por lo mío”, o “No hay de dónde elegir, no hay nada bueno”. Lo cierto es que todas estas son expresiones de una población que ve como inalcanzables todas esas promesas emitidas en el calor de una campaña política.
Parece imposible que lleguen a los diferentes puestos de elección un presidente, diputados, alcaldes y representantes que no solo cumplan promesas, sino que además hagan las cosas bien, sin negociados, coimas, prebendas, nepotismos y todo aquello que está dentro de la corrupción.
El principal interés debería ser elevar el nivel de vida del panameño promedio en todos los aspectos: salud, educación, bienestar físico, psicológico y social, acabando finalmente con la mala distribución de la riqueza, los monopolios y los favoritismos rampantes.
No hay que perder la esperanza. Tenemos ejemplos recientes a nivel latinoamericano de honradez y lucha contra la corrupción en las figuras de José Mujica y Nayib Bukele de Uruguay y El Salvador respectivamente. Sin ir más lejos, en nuestro país, tenemos el excelente y actual ejemplo del diputado independiente Juan Diego Vásquez, quien se ha destacado por ser un hombre de palabra y lucha por los verdaderos intereses del pueblo contra la corrupción.
En las elecciones de 2019, cerca de 700,000 panameños no acudieron a las urnas, votos perdidos que tal vez hubieran marcado la diferencia, evitando tener hoy en día un presidente que solo gobierna para minorías, minorías para las cuales evidentemente se ha gobernado.
Este 5 de mayo, salgamos a votar con la esperanza de que sean elegidos aquellos que poseen el conocimiento, la asesoría, el equipo y, sobre todo, la voluntad de hacer las cosas bien en todos los niveles de autoridades electas. Recordemos algo importante: el voto es secreto y ya no vivimos en tiempos donde debíamos decir “Di tú plimelo”. Tampoco necesitamos ir al monte calvario a escoger a los Barrabases de siempre.
Luchemos, y en democracia es desde las urnas donde podemos gritar “¡Basta ya!” de tanta corrupción, de la cual muchos hacen vista gorda e incluso la justifican. Es hora de dejar de endeudar al país y de hacer nuevos millonarios a costa del empobrecimiento de este noble pueblo que anhela mejores días para nuestro amado Panamá.
El autor es médico anestesiólogo.
