En un país donde la cultura no ha sido la prioridad de la agenda del Estado o donde han fracasado los proyectos para rescatar este sector, y donde históricamente se percibe cierta hostilidad hacia los hechos del arte por parte de los políticos, todos somos víctimas. Si la cultura no es tomada en cuenta como instrumento para combatir la desigualdad y la pobreza, todos somos vulnerables.
El proyecto de ley que crea el Ministerio de Cultura, presentado a la Asamblea Legislativa este 31 de julio por la ministra de educación Maruja Gorday de Villalobos, junto con el director del Instituto Nacional de Cultura, Carlos Aguilar, se enmarca en la historia de la cultura nacional como la oportunidad de repensar, resignificar y romper paradigmas para hacer una reingeniería de la gestión cultural que permitirá que la cultura sea un pilar en el desarrollo.
Ya lo ha declarado públicamente el futuro ministro de cultura: no basta con crear una nomenclatura que rotule la institución como ministerio; se trata de contar con un ministerio ágil, moderno y gestor. De allí que muchos conceptos del discurso de la cultura y la gestión deben tener un nuevo sentido. Una de esas ideas, en nuestra opinión, es repensar la noción de que la cultura hay que llevársela a los más vulnerables; hasta los espacios más frágiles tienen sus valores de identidad.
Para que la diversidad y equidad estén saludables en las comunidades indígenas y campesinas, pasando por los barrios de alto riesgo y todos los contextos, los ciudadanos deben ser incluidos en el proyecto cultural en el que el sentido de pertenencia y la identidad cultural se perciba. Es un tema que tiene que ver con la difusión y circulación de los bienes y derechos culturales; pero también de la apropiación.
La creación del Ministerio de Cultura es la oportunidad, como bien lo han señalado las autoridades, de combatir la desigualdad y la pobreza desde una nueva gestión creativa. Tenemos la ocasión de mirar la cultura más allá del espectáculo, del ornamento, y asumirla como la gran obra de teatro donde todos somos actores.
El autor es escritor