Terminando la semana pasada, se sucedieron algunos hechos que a simple vista no tienen mucha relación, pero que combinados suenan más que una bomba atómica.
Primero, para un casi 18% de la población mundial que profesamos el catolicismo, se inicia la Cuaresma, época que tal y como menciona el Papa León XIV, se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.
Esto debería significar, teóricamente, que durante este tiempo los católicos deberíamos renovarnos para así convertirnos en mejores hombres y mujeres y no dispersarnos entre las inquietudes y distracciones cotidianas.
Pero para dos de los países más católicos del continente, como lo son México —donde la muerte de uno de los grandes capos ha desatado una ola de violencia de una escala superior a la del Chapo— y Colombia, que está inmersa en unas elecciones (parlamentarias y una especie de primarias interpartidistas) en marzo y la presidencial para mayo, parece que no escucharon el mensaje del Papa y se han dicho de todo lo que nos imaginamos. Y en Perú, que nuevamente destituyen y han elegido un nuevo presidente, el noveno en diez años, a quien pocas horas luego de haber sido electo, fue denunciado y acusado ante las autoridades, por lo que podría decirse que, a lo mejor, tampoco llegará a la fecha prevista para las nuevas elecciones generales del 12 de abril.
En nuestras Asamblea Nacional, pareciera que tampoco se han enterado de que estamos en Cuaresma y, en lugar de promover la transparencia y la lucha contra la corrupción, el flamante presidente de la respectiva comisión sigue vociferando que no permitirá que se le dé ni siquiera el primer debate a las leyes que a gritos demanda el pueblo que los eligió, cuando en reiteradas ocasiones ha colocado la corrupción como el primer enemigo de todos.
Donde pareciera que se tomaron el mensaje del Papa muy en serio fue en la Corte Suprema de los Estados Unidos, donde una mayoría de 6 votó a favor de dejar sin efecto los aranceles que habían sido promovidos desde la Casa Blanca. Este hecho ha rescatado la esperanza de millones de personas alrededor del mundo, pues reafirma la principal base donde se yergue la democracia, luego de la participación ciudadana, que es el balance entre poderes, que muchos tenían la aprehensión de que se ahogaba en sus propios gemidos en la nación del norte.
Es un golpe contra la esencia sobre la cual había radicado el actual presidente su base para desarrollar su plataforma económica. Como se sospechaba, varias empresas y conglomerados han empezado a preparar demandas en contra de la administración Trump pues, al declararse que el procedimiento utilizado para establecer estos aranceles es inconstitucional, lo pagado debería ser devuelto a quienes los pagaron, en este caso, a las compañías importadoras. Infortunadamente, la mayoría de estos montos les fueron trasladados a la ciudadanía, que sufrió el incremento de precios en los meses recientes.
Todo parece indicar que al presidente Trump se le sigue erosionando la fuerza que consiguió en las urnas con una base de seguidores que confiaron en su política de “Make America Great Again” (MAGA), la cual ha venido sufriendo por un lado, por precios más elevados en lo que adquiere o, por persecución por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) contra familiares, vecinos o amigos, muchos sometidos a vejámenes que no se habían visto, incluyendo a ciudadanos de esa gran nación.
Desde mi balcón, ya había comentado que en julio podría empezar a darse esta erosión, pero la misma se ha adelantado, considero que un poco más de lo previsto y ya se ve cómo, inclusive candidatos a ocupar cargos del propio partido republicano no están votando con la línea del partido y se han manifestado en contra de las acciones del presidente. Esto podría presagiar problemas para el mandatario, inclusive antes de las elecciones de medio término, programadas para noviembre.
¿Y las guerras suspendidas? Bien, gracias, ¿y usted? Ojalá la Cuaresma culmine con mejores resultados que con los que empezó.
El autor es dirigente cívico y analista político.
