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¿Y el fallo, como pa’cuándo?

Esta semana se debería conocer el resultado de la demanda de inconstitucionalidad sobre la candidatura de José Raúl Mulino por los partidos RM y Alianza. Digo debe, porque nadie sabe a ciencia cierta, que y como se dará o si es que se dará.

La realidad es que no es justo con los ciudadanos que se nos tenga en ascuas sobre quienes son las alternativas para escoger quién sería el próximo mandatario de la nación.

Desde mi balcón, no veo que sea un caso tan complicado. Es o no es constitucional. Que había que cumplir con los tiempos establecidos en el procedimiento, correcto. Que había que escuchar los alegatos, también. Pero una vez cumplidos estos requisitos, hagan justicia. A favor, en contra o como los señores magistrados prefieran, pero no tengan al país en el suspendo que se nos ha querido mantener.

Debo reconocer que gran parte de la responsabilidad recae sobre los partidos que, a sabiendas de que esto podría suceder, quisieron provocar una situación anómala por donde se quiera ver, para promover el caos que se ha provocado (y de paso la publicidad gratuita que han recibido). Por otro lado, está la responsabilidad del Tribunal Electoral, quienes demoraron en principio una decisión (lo cual demuestra una vez más que la forma de seleccionar a los magistrados ya caducó) para luego presentar unas alternativas y al final acogerse a una que fue la que provocó la interpuesta demanda ante la Corte Suprema de Justicia.

Sin importar de quién es la culpa o responsabilidad, la realidad es que no solo hemos sido partícipes de una contienda electoral atípica, inédita y con la posibilidad de una inestabilidad social para los días antes del 5 de mayo, que no recuerdo que se hubiere producido en los años recientes.

Antes este prólogo, asumamos por un minuto que el fallo accede a la demanda y declara inconstitucional la nominación de Mulino por los partidos antes mencionados, a la presidencia de la república. Esto implicaría que quien lleva, según las “famosas encuestas” entre el 23 y 26% (las serias) de las preferencias, no podría correr. Las consecuencias son de igual manera variadas, inéditas y complicadas. Por un lado, estos partidos no tendrían derecho a obtener curules en el PARLACEN y por el otro su subsidio electoral se vería impactado de gran forma para la próxima contienda electoral.

Esto obligaría a ambos partidos a volcarse a empujar, en los días que le quedan, a promocionar sus candidaturas, principalmente las de diputados, para políticamente tener algún tipo de valor político durante el próximo quinquenio.

La pregunta del millón de dólares sería: Hacia donde van esos votos. Mi olfato me indica que un tercio, quizás el segmento más fanático de sus electores, lo más probable es que no vote por presidente o no salga a votar. Esto elevaría el porcentaje de abstencionismo que por regla general ronda en un 25%.

Otro porcentaje bastante más bajo, se podría dirigir hacia su partido original, el CD y el remanente porcentaje dividirse entre candidatos como Martín Torrijos, Zulay Rodríguez y Melitón Arrocha, quizás un tanto inclinado hacia Torrijos, buscando votar a ganador.

En la otra mano, si el fallo sale que es constitucional, sería una victoria pírrica, pero victoria al fin, la cual no considero que les sume ni un voto adicional. Es más, ya hay varios de sus candidatos que han ido a buscar apoyos a otras toldas políticas, para no quedarse por fuera del baile. Esos candidatos no pueden regresar y seguirán pidiendo el “voto arriba para” quienes ya han estado promoviendo. Eso debilita un tanto la candidatura de Mulino y pone a todos los candidatos en manos de los indecisos (o de los que mienten en las encuestas).

Para concluir, a esta novela que llamamos elecciones aún le falta un capítulo por escribir. Ojalá sus autores la escriban pensando en el país, como es el llamado que le hago a toda la ciudadanía para que el domingo 5 de mayo, sin reparo, salgamos a ejercer ese derecho que tanto nos costó obtener. Votemos libres, decididos y pensando, más que en nosotros mismos, en nuestros hijos y nietos.

Seleccionemos al mejor candidato a dirigir esta bella nación que nos regaló Dios y hagámosle un favor a quien salga electo, escojamos buenos diputados, representantes de corregimiento y alcaldes. El país necesita de sus mejores hombres y mujeres, pues, el quinquenio que tenemos enfrente no será fácil. Demandará de mucha sabiduría, experiencia y capacidad para llevar a este barco denominado Panamá a ese puerto seguro que todos anhelamos.

Por Panamá, sal a votar y vota bien.

El autor es analista político y miembro del Movimiento Panamá Posible.


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