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Y llegó la Navidad

Ya casi llegamos a la celebración del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo y el país sigue medio enredado. Bueno, la realidad es que el mundo está así. Pero hoy me gustaría hacer una especie de radiografía, sin entrar todavía a analizar o a calificar la labor del actual gobierno, al cual he sugerido que hay que darle seis meses de gracia.

Empecemos por un tema que, a pesar de haber abierto el ensanche de la carretera Panamericana, denominado Roberto F. Chiari en honor al presidente de la dignidad, no se ha resuelto: el tráfico desde y hacia Panamá Oeste. Esto se debe al gobierno anterior, que cambió el diseño del nuevo puente sobre el canal porque supuestamente permitiría su construcción de una manera más expedita. Como decimos en Panamá, “ni chicha ni limonada”. Pudiera entonces asumirse que priorizar las planillas que no votaron por ellos fue considerado más importante que un tráfico más fluido y productivo.

Lo que es imperdonable fue habilitar más carriles de los que se podían manejar. Me explico: anteriormente, durante las primeras horas de la mañana, se abrían cuatro carriles (todos en una misma dirección) desde Arraiján hacia la ciudad capital. Con la apertura del ensanche, ese primer día se abrieron ocho carriles, para luego reducirlos a tres antes de acceder al Puente de las Américas. Tal fue la confusión y eventual tranque que quienes regularmente tomaban dos a tres horas en llegar a la capital terminaron demorando más de cuatro horas en el mismo trayecto.

De “carambola” perjudicaron el Área Económica Panamá Pacífico a tal grado que, para llevar a los estudiantes a los colegios del área, los padres demoraban hasta una hora. Estas medidas de mitigación también perjudicaron a varias de esas empresas que han invertido una significativa cantidad de millones de balboas para crear nuevos negocios y ofrecer nuevos empleos a miles de panameños.

Y ya que estamos por esas áreas, le recordamos a los amigos del Ministerio de Obras Públicas que la base aérea de Howard desapareció con la Ley 41 de 2004, por lo que los letreros sobre el ensanche no deberían incluir referencias a un nombre en inglés que honraba la trayectoria de un general estadounidense y que desde 1999 está en manos de panameños.

Económicamente, tuvimos un mes de julio “regularzón”, un mes de octubre desfavorable y un noviembre bastante malo. Esto eventualmente se verá reflejado en los ingresos que se habían presupuestado, impactando cualquier tarea que el nuevo gobierno pudiera haber planificado. Sinceramente, espero que el mes de diciembre ayude a recuperar en alguna medida el poder adquisitivo de una gran parte de panameños de diferentes áreas del espectro socioeconómico nacional. En este contexto, no entiendo —y eso que me considero una persona pensante y analítica— cómo puede haber sectores que no hacen, no dejan hacer y solo se dedican a criticar y amenazar, lo cual produce más miedo e inestabilidad en todo sentido.

Al igual que en otras ocasiones, por la “vereda tropical” del profesor Cabrera circulan comentarios sobre una persona tratando de pescar en río revuelto, alimentando de diferente$ manera$ el ego de estos seudodirigentes que no sirven más que como carne de cañón. Y siguen sin entender la razón de la “arrastrada” que les dieron en las elecciones de mayo.

Con la llegada del mes de diciembre, luego de haber descansado en noviembre gracias a las vacaciones —perdón, días patrios—, inicia la repartidera de cuentas de Navidad, décimo tercer mes, bonificaciones y tantas otras formas de ingresos adicionales. Comienza también la compradera de regalos, fiestas de Navidad o fin de año, comederas y bailes en los que se embarcan una gran cantidad de personas. Y las casas de empeño, prestamistas, financieras, cooperativas y similares aprovechan. Dicen por ahí que a los panameños nos encanta gastarnos lo que no tenemos, para lucirles a quienes no les importa lo que nos pongamos, y en enero nos preguntamos cómo comer o pagar la luz.

Para quienes creemos en la democracia, la transparencia, la lucha contra la corrupción, la decencia y los valores, el mejor regalo que pudiéramos recibir es que desde el Palacio de Justicia saliera un mensaje contundente en favor de la justicia. Ojalá fuera 6 a 3, pero con un 5 a 4 sería suficiente para enviar un mensaje claro a las instituciones financieras, inversionistas y todo aquel que quiera vivir en un país donde el que la hace la paga, donde hay certeza del castigo y donde los buenos somos muchos más.

El autor es analista político y dirigente cívico.



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